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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Estudios de Ciencias de la Salud. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Los datos en la chistera y su interpretación a la carta

domingo, 30 de junio de 2019

A 30 de junio de 2019 

Verdaderos o falsos, los datos están ahí. Las estadísticas, los porcentajes, los grandes números, también, los pequeños indicadores generados por cada organización se someten a la posterior interpretación que cada cual les dé. A priori, uno diría que los números, una vez obtenidos, poca confusión pueden generar, pero nada más lejos de la verdad. Como las palabras, los números también permiten sus jueguecitos particulares. A la vista está. En cualquier debate, sobre todo televisivo, pero también radiofónico, siempre sale alguien con un chorro de datos que avalan sus tesis. Pero, con seguridad, enfrente se encontrará con otro alguien y su propio chorro de números que desbaratará las tesis del primero y avalará la suyas propias. Así que como si fuera la fiesta de los números unos los interpretan del derecho y los otros del revés. Datos por aquí y datos por allá. Las acusaciones de mentir se cruzan en el aire de los platós y el público se queda con el espectáculo y no con el contenido. Dice el tango: «verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa…».  

Quienes manejan datos los deben tratar e interpretar con ética profesional y no distorsionarlos a su antojo y conveniencia. El siguiente es un ejemplo inventado, pero habitual. Se comparan dos ayuntamientos con similar número de habitantes, con similar presupuesto, pero con alcaldías de distinto partido político. Alguien afirma: «el año pasado Villa arriba invirtió treinta millones de euros en treinta apartamentos con servicios comunitarios para las personas dependientes y Villa abajo nada, cero». Contesta otro: «pero Villa abajo lo invirtió el año anterior». Sigue el primero: «no, no, hablamos del año pasado y de la inversión de cada ayuntamiento, lo que pasó antes no nos interesa». Los contertulios se echan por la cara la gran inversión de uno de los ayuntamientos, y la nula inversión del otro. Los datos son ciertos, pero más allá de los datos, quien señala al ayuntamiento que no ha invertido nada dentro del periodo debe informar que lo invirtió en el periodo anterior y, por tanto, está invertido pues los apartamentos no se funden, ni se comen.  Manejan datos ciertos pero la interpretación es falaz e interesada.

En su casa, cada cuál, se alía anímicamente con el tertuliano que mejor le acaricia las orejas y se aviene a su opinión, a lo que piensa que es, a su simpatía por el partido de uno u otro ayuntamiento. No importan las evidencias, no importa la aclaración, no importa la realidad objetiva, la simpatía o antipatía con el tertuliano y el partido político, pesa más que el análisis racional del juego tramposo de cada participante. Como dijo un presidente hace años «hay que calentar un poco a la opinión pública».  

Casi todo el mundo cae alguna que otra vez en ese creer al que le complace. En algunos programas de divulgación se ha creado la figura del validador de datos precisamente para parar este baile de afirmaciones y negaciones a la vez y verificar lo que es en su contenido y su contexto. Éste es esencial para cualquier análisis. ¿Se vive en un exceso de emocionalidad? Los hechos y las evidencias a menudo desmontan lo imaginado, pero aun así las representaciones mentales, en las conclusiones pesan más que los hechos. Sin embargo, el pensamiento racional es necesario para evitar, precisamente, caer en la especulación y dentro de ella concluir falacias y tomar falsas decisiones. Los profesionales están en la obligación de presentar los datos contextualizados e interpretarlos correctamente, guste o no guste lo que estos datos revelan.

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