Psicología positiva: cultivando el optimismo en el cuidador

Psicología positiva: cultivando el optimismo en el cuidador

Dice una afirmación popular escrita por un autor desconocido que “El optimista siempre tiene un plan mientras que el pesimista siempre tiene una excusa”. Y es que también Víctor Frank, autor del libro “El hombre en busca de sentido” afirmaba que cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos.

El cuidador de una persona dependiente a menudo se siente impotente ante la imposibilidad de cambiar la situación de enfermedad, adversidad, dificultades  o incluso el comportamiento de la persona a su cargo.

Tener esa sensación de que hagas lo que hagas todo seguirá igual es bastante frustrante y genera un gran desgaste.

El principal problema ahí reside en darnos cuenta de dónde ponemos el foco. Si me fijo expectativas demasiado ambiciosas o poco realistas, la sensación de fracaso e inutilidad estará asegurada.

Y sí, es cierto que hay muchas situaciones que nos gustaría cambiar y lamentablemente no podemos. Pero ahí es donde debemos preguntarnos si podemos cambiar algo en nosotros mismos, en nuestra actitud.

La realidad para el cuidador tal vez seguirá siendo adversa, de enfermedad, de dependencia o hasta de cierta hostilidad, pero si somos capaces de enfrentarnos a ella desde una perspectiva diferente, será más fácil marcarse un plan de acción adaptado a esa realidad que nos permita seguir adelante.

Esa sería la actitud optimista a la que nos referimos. No significa que tengamos que convencernos de que todo se va a arreglar, sino de que siempre va a haber algo que podamos hacer, aunque sea solo decidir sobre cómo nos comportaremos nosotros mismos.

Puede parecer poco, pero lo cierto es que ya solo ese cambio nos permite recuperar sensación de control y marcarnos una "hoja de ruta".

Sería como encender una linterna cuando falla la instalación eléctrica. No reparará la avería, pero nos permitirá movernos con mayor seguridad y menos peligro de caídas.

Lograr mantener una actitud optimista y positiva ante situaciones difíciles puede ser todo un reto y no lograrse al primer intento. Pero con entrenamiento se consigue que pase a formar parte de nuestra respuesta natural.

¿Qué podemos hacer para potenciar una actitud optimista y positiva?

1. Practica el agradecimiento: dar las gracias tiene un efecto beneficioso muy potente. Si incluso en las situaciones adversas dedicamos un tiempo a buscar los buenos momentos, por sencillos que sean, que hayamos tenido ese mismo día, este ejercicio nos permitirá relativizar lo malo como parte del total de las vivencias que tenemos.

Puede ser una conversación o un momento bonito con alguien importante, un gesto de la persona a quien cuidamos hacia nosotros, una comida que nos guste, un libro muy bueno, etc... Es interesante saber que si centramos la atención en vivencias agradables, contrarrestará la intensidad de las menos favorables.

2. Céntrate en el camino en vez de en el desenlace final: es en el día a día, durante el proceso, donde debemos buscar los buenos momentos. La suma de todos ellos es la que nos hace sentirnos más o menos felices y no un único acontecimiento. Por eso de nuevo resaltar la importancia de centrar nuestra atención en lo bueno de cada día, y no solo en lo negativo.

3. Vigila tus pensamientos: lo que nos decimos o cómo nos hablamos a nosotros mismos es mucho más importante de lo que imaginamos. Por eso puede ser útil registrar nuestros pensamientos negativos y tratar de cambiarlos por otros no tan extremos.

De hecho, es mejor que te centres en los planes o alternativas en vez de en las quejas.

4. Sigue en contacto con gente positiva: bien sea en persona, o por teléfono, solo con alguien más o formando parte de un grupo, el poder hablar con gente que te aporte experiencias positivas y palabras de ánimo, ayudará a que  te entrenes hacia una actitud más optimista.

5. Reconoce y cultiva tu generosidad: debemos aceptar que no somos responsables ni culpables de todo lo que no va bien, y que en los momentos más difíciles, cuando no logramos cambiar las cosas, lo que sí podemos es ofrecer nuestra generosidad. Es bueno recordarnos que estamos ahí no para solucionar sino para acompañar y cuidar. Ya eso es muchísimo.

6. Sonríe siempre que puedas: hay muchos estudios de investigación, como por ejemplo uno llevado a cabo por la Universidad de Kansas en 2012, que mostró como incluso la sonrisa forzada ante situaciones estresantes disminuía la magnitud de la frecuencia cardíaca. Y además, la sonrisa se contagia, por lo que nos sonreirán más.

Dicho todo esto, un buen consejo es que dediques algo de tiempo cada día a reflexionar sobre estos detalles. Puede serte útil el escribirlo en un cuaderno a modo de diario. Así podrás volver sobre esos pensamientos y sentimientos, tanto negativos como positivos, que hayas tenido en un momento dado y recordar cómo los has afrontado o qué estrategias te han funcionado.

Raquel Esteban
Directora Psicología de ITAF

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