Los apellidos de los inventores españoles que se adelantaron a su época


Publicado por Patricia Fernández, periodista
Creado: 28 de abril de 2026 13:56 | Modificado: 28 de abril de 2026 14:04


Los apellidos de los inventores españoles que se adelantaron a su época

España no solo exporta cultura y gastronomía, también ha exportado inventos que cambiaron la vida diaria… o que parecían ciencia ficción para su época. Detrás de la fregona, el Chupa Chups o el submarino eléctrico hay apellidos con historias tan curiosas como sus creaciones.

A veces pensamos en "inventores" como figuras lejanas, casi de laboratorio, y se nos olvida que muchos grandes inventos nacieron de algo muy simple: un problema cotidiano, una observación en el lugar correcto o una obsesión técnica difícil de explicar. Lo mejor de los inventos españoles es que no siguen un solo patrón. Algunos son domésticos y prácticos; otros son tan ambiciosos que llegaron demasiado pronto; y otros nacieron del ingenio popular, de la necesidad de entretener o de no mancharse las manos.

Reunimos apellidos de inventores españoles ligados a inventos extraños, icónicos o revolucionarios -como el Chupa Chups, la fregona o el submarino Peral- y te contamos su origen, la historia del inventor y por qué su invento fue tan relevante. Porque, al final, estos apellidos se hicieron famosos por resolver algo que nadie había resuelto... o por imaginarlo antes que nadie.

Apellidos de grandes inventores españoles

Bernat y el Chupa Chups

El inventor-empresario detrás del Chupa Chups fue Enric Bernat, fundador de la compañía y responsable de popularizar la idea del caramelo con palo en 1958. Su intuición fue casi doméstica: si los niños se manchaban las manos con los caramelos, ¿por qué no "darles un mango" para comerlos sin pringarse? La marca cuenta esa idea como el origen del concepto.

El apellido Bernat es muy común en Cataluña y suele entenderse como forma catalana de Bernardo, con raíces germánicas asociadas a la idea de "oso" y "fuerte". Lo divertido es que, siendo un apellido tradicional, terminó ligado a uno de los productos más modernos de la segunda mitad del siglo XX: un icono infantil global, con diseño reconocible y una forma de consumo que cambió la confitería para siempre.

Jalón y la fregona

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Pocos inventos han tenido una influencia tan directa en la vida cotidiana como la fregona, y el apellido más asociado a ella es Manuel Jalón. En su biografía se recoge cómo, tras ver en EE. UU. sistemas de limpieza con mopa y cubo con rodillos, inició en 1956 la fabricación en España de esos primeros lavasuelos, y patentó un modelo de fregona y cubo.

Su relevancia no está solo en el objeto, sino en la consecuencia: menos agua en el suelo, menos esfuerzo físico, menos postura dañina. En la práctica, la fregona cambió rutinas domésticas y de limpieza profesional.

Manuel Jalón, tuvo un problema legal bastante típico cuando un invento se vuelve masivo: durante años se discutió públicamente y en los tribunales la autoría y los derechos de su patente, con intentos de atribuir el invento a otras personas o de minimizar su papel. Tras ese pulso, la justicia terminó reconociendo su paternidad sobre el invento y su aportación real al diseño y la comercialización de la fregona.

El apellido Jalón es toponímico: remite a lugares ligados al nombre Jalón (y también al río Jalón), lo que encaja con muchos apellidos españoles nacidos del mapa más que del oficio. Y quizá por eso resulta tan simbólico: un apellido "de lugar" terminó unido a un invento que entró en todos los lugares.

Peral y el submarino

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Cuando se habla de inventos españoles "demasiado modernos" para su época, el primer apellido que aparece suele ser Peral. El Submarino Peral, diseñado por Isaac Peral, fue un prototipo con propulsión eléctrica botado en 1888, y está considerado el primer submarino totalmente eléctrico equipado con torpedos.

Lo impresionante es el contexto, finales del siglo XIX, con limitaciones tecnológicas enormes, y aun así un diseño militar funcional, con sistemas de navegación y ataque que anticipaban la guerra submarina del siglo XX. Su historia, sin embargo, tiene un punto amargo, ya que el proyecto no continuó como línea de desarrollo sostenida, y el prototipo quedó como testimonio de lo que pudo ser.

El apellido Peral suele explicarse como habitacional/toponímico y ligado a "árbol de pera", es decir, al peral como elemento del paisaje. Un apellido vegetal, casi sencillo, asociado a uno de los inventos más sofisticados y visionarios de su tiempo.

Torres Quevedo y su mando a distancia

Si buscamos inventos "extraños" en el sentido más fascinante -cosas que parecen modernas pero son de hace más de un siglo-, el apellido clave es Torres Quevedo. Leonardo Torres Quevedo patentó en 1903 el Telekino, considerado un pionero del radiocontrol (mando a distancia).

En 1906 llegó a demostrarlo guiando un bote desde la orilla en el puerto de Bilbao. Es difícil imaginar lo que debía sentirse al verlo: controlar un objeto a distancia cuando la radio estaba aún en su infancia. Torres Quevedo también trabajó en teleféricos y automatismos, y su figura se considera precursora en automática e ingeniería aplicada.

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Aquí el "apellido" es doble y combina linaje familiar y geografía. Y, sin embargo, su invento fue radicalmente futurista. En cierto modo, Torres Quevedo inventó una idea que hoy usamos sin pensar: que una orden puede viajar por el aire y mover un aparato.

De la Cierva y el autogiro

El autogiro es uno de esos inventos que parecen de película antigua, hasta que recuerdas que cambió la aviación. El inventor fue Juan de la Cierva, y el primer vuelo con éxito de su autogiro se sitúa en 1923, en Getafe.

Su aportación fue clave: crear un aparato de ala rotatoria capaz de volar con mayor estabilidad y seguridad a bajas velocidades, precursor conceptual del helicóptero moderno. En la historia de la aeronáutica, ese salto vale oro.

El apellido Cierva (o "de la Cierva") remite al animal, y muchas veces funciona como apellido de origen toponímico o descriptivo dentro de la tradición hispana. Aunque suene casi literario, acabó asociado a ingeniería dura: rotor, autorrotación, estabilidad aerodinámica.

Finisterre y el futbolín

Entre los inventos más "extraños" y entrañables está el futbolín, atribuido en España a Alejandro Finisterre, que presentó una primera patente en 1937. La historia tiene un origen muy humano, ya que, herido durante la Guerra Civil, vio en un hospital a niños que no podían jugar al fútbol y pensó en una versión de mesa inspirada en su afición al tenis de mesa.

Aquí el apellido Finisterre remite al latín finis terrae, "fin de la tierra", asociado al cabo gallego y a la idea romana de límite del mundo conocido. Es un apellido que suena a frontera, y curiosamente su inventor creó un juego que "encierra" un campo de fútbol en una mesa: el mundo reducido a un rectángulo donde todo se decide con muñecos y muñecas de madera o metal.

Lo bonito de estos apellidos de inventores españoles, es que no apuntan a un solo tipo de inventor. Hay empresarios con olfato, ingenieros militares, genios mecánicos, inventores "de hospital" y visionarios adelantados a su siglo. Y eso dibuja un mapa en el que inventar no siempre fue una cuestión de lujo, sino de necesidad, obsesión y paciencia.

Al final, muchos de estos inventos pretendían resolver una incomodidad concreta o abrían una puerta tecnológica que el mundo terminaría cruzando. Y por eso sus apellidos no solo aparecen en libros, aparecen en nuestra vida diaria, aunque no lo sepamos.

 

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