Por qué el dolor crónico es más frecuente en mujeres. Un estudio revela la razón


Publicado por Patricia Fernández, periodista
Creado: 4 de marzo de 2026 09:52 | Modificado: 4 de marzo de 2026 10:00


Por qué el dolor crónico es más frecuente en mujeres. Un estudio revela la razón

En la vida adulta, el dolor se vuelve un tema menos abstracto. Ya no es solo “me duele la espalda por dormir mal” o “me torcí el tobillo”. Para muchas personas, especialmente a partir de los 50, el dolor empieza a colarse en la agenda como un invitado persistente. Y cuando dura, cuando se repite, cuando afecta al sueño y al ánimo, aparece una palabra que pesa: dolor crónico.

Se suele hablar de dolor crónico cuando el dolor persiste o reaparece durante más de tres meses. Es una definición aceptada de forma amplia en el ámbito médico y es útil precisamente porque marca una frontera práctica. A partir de ahí, el dolor deja de ser un episodio puntual y pasa a requerir un abordaje más completo.

Lo que dicen los datos en España, y por qué esto tiene mucho que ver con la edad

En España, el dolor no es un fenómeno minoritario. La Sociedad Española de Neurología señala que más del 30% de la población sufre algún tipo de dolor, con mayor presencia en edades intermedias y con predominio femenino. Además, estima que un 18% vive con dolor crónico y que más del 5% lo padece a diario.

Cuando ponemos el foco en edades más avanzadas, la foto se intensifica. De hecho, se ha difundido que alrededor del 40% de la población mayor de 65 años vive con algún tipo de dolor crónico, una cifra coherente con la idea de que, a medida que se acumulan años, también se acumulan condiciones que pueden sostener el dolor, desde problemas musculoesqueléticos hasta dolor neuropático.

Y hay un dato adicional, un análisis epidemiológico reciente sitúa la prevalencia de dolor crónico en adultos en torno al 25,9%, y subraya que es más frecuente entre 55 y 75 años y que afecta más a mujeres que a hombres.

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Este es el contexto real. El dolor crónico no es una rareza clínica, es un fenómeno de gran escala. Y si es más frecuente en mujeres, especialmente en edades donde ya conviven menopausia, cambios metabólicos, artrosis, osteoporosis o secuelas de cirugías, la pregunta se vuelve inevitable.

La pregunta que muchas mujeres se hacen sobre el dolor crónico

Hay una escena repetida en consultas. Una mujer describe dolor persistente. A veces le piden que lo mida del 1 al 10. A veces le dicen que "es estrés", "es la edad" o "son nervios". El problema de ese enfoque no es solo emocional, es clínico, el dolor crónico no se mide bien solo con una cifra. Se mide con impacto en la vida.

Por eso, cuando la ciencia aporta una explicación biológica concreta, el efecto no es solo académico. Es también cultural. Porque desplaza el debate del "cómo lo cuentas" al "qué está pasando".

El dolor no solo se siente, también se "resuelve"

Una investigación reciente publicada en Science Immunology propone una idea potente. La resolución del dolor no sería un proceso pasivo donde el cuerpo "se olvida" del dolor cuando se cura la lesión. Sería, en parte, un proceso activo en el que participan células del sistema inmunitario.

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En el estudio, un subgrupo de células inmunes llamadas monocitos produce interleucina-10 (IL-10), una molécula antiinflamatoria que, en su modelo, ayuda a apagar señales de dolor al comunicarse con neuronas sensoriales. Los investigadores observaron que los machos mostraban una resolución más rápida del dolor y tenían más monocitos productores de IL-10 que las hembras.

La testosterona como posible "acelerador" del apagado del dolor

Según los autores y la divulgación del hallazgo, una parte de la diferencia podría estar relacionada con hormonas sexuales, especialmente la testosterona, que favorecería la presencia o actividad de esos monocitos productores de IL-10. En modelos animales, manipular ese entorno hormonal alteró la velocidad de recuperación del dolor.

No significa que la testosterona sea "la solución" ni que haya que convertir esto en una receta. Significa algo más útil para entender el fenómeno: el cuerpo tiene frenos biológicos para el dolor, y puede que esos frenos no actúen igual en todos.

Esta explicación encaja con una observación clínica más amplia. El predominio femenino en varios síndromes de dolor crónico se ha descrito en la historia clínica, y se ha planteado que una resolución más lenta del dolor podría aumentar el riesgo de transición hacia dolor crónico.

¿Esto cambia algo para las personas mayores hoy, o es solo futuro?

Conviene mantener la cabeza fría. Nadie debería salir de aquí pensando que hay un tratamiento nuevo listo para mañana. Lo que hay es una pista: una vía inmunoneural que podría convertirse, con el tiempo, en una diana para terapias no opioides orientadas a prevenir que el dolor se cronifique.

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Pero, aunque no haya un fármaco inmediato, sí hay algo que cambia ya, y es el relato. Si hay mecanismos biológicos que ayudan a explicar por qué en muchas mujeres el dolor dura más, se refuerza una idea esencial para mayores de 50 que llevan años oyendo explicaciones simplistas.

No es "que lo lleves peor". No es "que seas más quejica". Puede haber diferencias biológicas reales en cómo el organismo apaga el dolor.

Lo que conviene vigilar a partir de los 50 años

Sin dar consejos médicos cerrados, hay una línea útil para la vida cotidiana: cuando un dolor supera el umbral de los tres meses, conviene considerarlo dolor crónico y abordarlo como tal, no como una molestia que "ya se pasará".

A estas edades, hay además un factor práctico. El dolor suele ser mixto. Puede haber componente inflamatorio, musculoesquelético y, en una parte relevante de casos, neuropático. La SEN ha señalado que una proporción importante de quienes padecen dolor crónico presentan dolor neuropático, y que este tipo de dolor no siempre se controla bien con tratamientos habituales.

Por eso, el objetivo no es aguantar. Es entender qué tipo de dolor es, cómo impacta y qué abordajes se combinan, porque en dolor crónico rara vez hay una solución única.

Un debate menos emocional y más justo

El dolor crónico tiene algo de injusto. No se ve, no siempre se mide con una prueba y, sin embargo, organiza tu día. Para muchas mujeres mayores, además, arrastra una historia de "no me creyeron", "me dijeron que era normal", "me acostumbré".

Lo interesante del hallazgo inmunológico sobre IL-10 y monocitos no es vender esperanza rápida, sino colocar el tema donde debe estar. En un lugar más serio, más biológico y, por tanto, más difícil de despachar con frases hechas.

Porque si la ciencia está empezando a entender por qué el dolor persiste más en las mujeres, el siguiente paso como sociedad es sencillo de formular y difícil de cumplir. Tomar el dolor de las mujeres en serio, sobre todo cuando ya no son jóvenes, no como un ruido de fondo de la edad, sino como un problema real que merece explicación, seguimiento y respeto.

 

Bibliografía y fuentes

  • Sociedad Española de Neurología. Datos de dolor y dolor crónico en España  
  • Dueñas M. et al. Prevalencia y características epidemiológicas del dolor crónico en España
  • Sim J. et al. Monocyte-derived IL-10 drives sex differences in pain duration. Science Immunology (2026).
  • Reuters Health Rounds. Resumen divulgativo del hallazgo y datos en humanos
  • SEN. Datos sobre dolor neuropático y su peso dentro del dolor crónico.

 

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