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PROBLEMAS DE VISIÓN

¿Qué hacer en caso de sufrir un glaucoma?

¿Qué hacer en caso de sufrir un glaucoma?

Padecer un glaucoma supone la progresiva destrucción del nervio óptico, un hecho bastante habitual entre los mayores.

El glaucoma no es una enfermedad circunscrita a los mayores, pero la edad incrementa el riesgo de padecerla. El campo visual se estrecha y aparecen los dolores de cabeza y la visión borrosa.

El glaucoma es una enfermedad que afecta al nervio óptico cuya función es conducir la información visual captada por el ojo hasta el cerebro. Lo más frecuente es que la destrucción de este nervio sea lenta y progresiva: es lo que se conoce como glaucoma crónico. El glaucoma agudo, menos habitual, es otra modalidad de la enfermedad que puede conducir en pocas horas a la ceguera si no se actúa rápidamente.

Aunque todavía no se conocen bien las causas del glaucoma, la mayoría de las veces aparece asociado a un aumento de la tensión ocular debido a una anomalía en la filtración del humor acuoso, el líquido que se encuentra en el interior de los ojos. Ese líquido, que todos producimos, se renueva constantemente y, tras ser utilizado, es filtrado antes de volver a la circulación sanguínea. Puede ocurrir, sin embargo, que el sistema de filtración no funcione correctamente, en general debido a su envejecimiento, con lo que el líquido se acumula en el interior del ojo provocando una presión excesiva sobre el nervio óptico y los vasos que lo alimentan.

Glaucoma crónico

En el glaucoma crónico, el nervio sufre una presión y asfixia progresivas, y la vista se va alterando poco a poco. Por el contrario, en el glaucoma agudo, los vasos sanguíneos dejan bruscamente de alimentar el nervio óptico, y la persona afectada puede quedarse ciega en el espacio de unas horas.

Aunque cualquiera, incluso los niños, puede sufrir un glaucoma, la frecuencia de la enfermedad aumenta mucho con la edad. Hay personas que tienen mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Quienes tienen siempre una tensión intraocular elevada deben tener más precauciones, pero también aquellas personas cuyos padres hayan sufrido la enfermedad, los diabéticos y los miopes e hipermétropes con muchas dioptrías.

Los síntomas del glaucoma crónico son tan leves que, a veces, ni se les presta atención. El nervio óptico se va destruyendo poco a poco desde la periferia hacia el interior. Al principio, el campo visual de la persona afectada se estrecha sin que se dé cuenta, ya que la zona central de la retina (que es la que nos permite ver con precisión, leer, reparar en los detalles...) no está afectada, y el cerebro sigue siendo capaz de «reconstruir» las imágenes que faltan.

Más tarde, aparecen algunos síntomas leves: dolores de cabeza por la mañana, visión borrosa y necesidad constante de limpiar las gafas son algunos de los que no fallan. En cuanto se sienta alguno de ellos, hay que acudir al oculista.

En un estadio aún más avanzado, la visión central desaparece casi por completo, impidiendo bajar escaleras o conducir. Cuando esto ocurre, suele ser ya demasiado tarde, porque las lesiones son irreversibles. Hay personas que llegan a descubrir con estupor que no ven nada por un ojo cuando se tapan el otro con la mano. Sin embargo, el glaucoma crónico, a diferencia del agudo, suele afectar a los dos ojos al mismo tiempo.

Glaucoma agudo

El glaucoma agudo es más perceptible. El ojo duele mucho, se pierde visión rápidamente y aparecen halos de color alrededor de luces brillantes. Se pueden tener mareos y, a veces, vómitos. El ojo se enrojece y endurece, mientras que la pupila se dilata.

Aunque algunos de estos síntomas no aparezcan, hay que reaccionar rápidamente, porque sólo una intervención de urgencia podrá salvar el ojo.

En caso de duda, únicamente hay una forma de descartar un glaucoma: ir a revisión oftalmológica de forma regular.

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