Cómo realizar técnicas de estimulación cognitiva en el entorno domiciliario

Cómo realizar técnicas de estimulación cognitiva en el entorno domiciliario

A la hora de realizar técnicas de estimulación cognitiva, es imprescindible puntualizar cuáles van a ser nuestros objetivos como cuidadores o familiares del paciente, y, a la vez, cuáles van a ser los intereses, gustos e incluso objetivos de este último, ya que no es lo mismo realizar una actividad para mantener la memoria que un ejercicio cognitivo de aprendizaje. Y no es lo mismo darle una ficha de cálculo que proponerle jugar a un juego de mesa. En este sentido, es muy importante concretar de forma precisa a dónde queremos llegar y qué pasos vamos a realizar.

Por ejemplo, si tenemos que realizar una intervención con un paciente que tiene la enfermedad de Alzheimer, tenemos que conocer al detalle su historia, sus intereses, su entorno y el estado en que se encuentre actualmente. Naturalmente, todo lo que se le proponga tendrá como objetivo que la enfermedad avance lo más lentamente posible, pero también es muy importante que lo que se le proponga sea de interés personal, ya que realizar una actividad significativa puede repercutir también en su autoestima y, por lo tanto, en el avance de su deterioro para que este vaya más despacio. Entonces, a la hora de proponer un ejercicio, siempre hay que buscar ese equilibrio que abarque tanto nuestros objetivos como los del propio paciente, y NUNCA, dejar nada al azar.

Por otro lado, si nuestro objetivo es más el de mantener la propia agilidad mental sin que haya una demencia presente, entonces lo primero que tenemos que preguntarnos es qué le interesa al paciente, y trabajar de acuerdo a ello haciendo uso de nuestra creatividad. Eso sí, es muy importante también la negociación entre el paciente y el cuidador o familiar.

Entonces, teniendo en cuenta todo lo anterior, vamos a marcar qué pasos vamos a seguir para realizar técnicas de estimulación cognitiva.

1. Conocer al paciente. Este paso va mucho más allá de conocer su nombre y su edad. Se trata de conocerle en profundidad, y que al mismo tiempo se genere un vínculo de confianza, así como una rutina en donde el paciente se habitúe a la presencia del cuidador o familiar. En este paso, se puede empezar haciendo ejercicios de memoria mediante una entrevista informal, o simplemente escuchando al paciente en lo que le interese hablar. Eso sí, si antes de todo esto no se genera un vínculo mínimo de confianza, será imposible que el paciente se pueda abrir a nosotros, y por lo tanto, nuestra intervención será nula, hagamos lo que hagamos. Por otro lado, no hay que olvidar el estado del paciente, ya que no es lo mismo trabajar, por ejemplo, con un paciente con el que se pueda mantener una conversación fluida, frente a uno que no la tenga. Y en este caso, siempre es bueno echar mano de la información que sus familiares y allegados puedan tener sobre el paciente, e incluso disponer de toda la información posible para luego contrastarla y tener unos datos más precisos.

2. Fijar unos objetivos. Como he mencionado anteriormente, el objetivo de los ejercicios de estimulación cognitiva siempre tiene que ser el del mantenimiento de las habilidades residuales, y por ende, el de provocar que la demencia avance lo más lentamente posible. Cuando una vez conozcamos a nuestro paciente, debemos fijar entonces este objetivo en todo lo que le propongamos. Naturalmente, esto hay que negociarlo con el propio paciente si este puede hacerlo, ya que, si el paciente quiere conseguir una meta, hay que recoger esta información, y analizar qué posibilidades hay de conseguirla de una forma real y objetiva. Por ejemplo, si a él le interesa no olvidar a sus amigos, entonces hay que proponerle actividades relacionadas con sus amigos que pueden ser, por ejemplo, el de quedar con ellos, recordar momentos, realizar pictogramas y collages relacionados con ellos, ver fotos, vídeos, escuchar música, etc. Todo ello siempre dando lugar a la imaginación y creatividad del cuidador, y siendo REALISTA en la fijación de los objetivos, pues no podemos olvidar que, por mucha implicación que tengamos con el paciente, la realidad es que nunca va a ir a mejor. Solo podemos hacer que su deterioro avance lo más lento posible.

3. Fijación de actividades. Teniendo en cuenta los puntos anteriores, podemos entonces pasar a la elección de las actividades. Para ejecutarlas, es importante establecer una rutina. El paciente tiene que tener los menos cambios posibles en su día a día y realizar las actividades de forma fija. En otras palabras, que tenga un horario. En este punto, si es posible, que sea el propio paciente el que establezca dicha rutina, así como la elección de nuestra lista de actividades, pues no hay que olvidar que siempre hay que tener en cuenta los intereses del paciente, aunque previamente seamos nosotros los que las propongamos. Y por supuesto,  que siempre esté encauzado hacia el resarcimiento del paciente en su propia autoestima.

4. Realizar una valoración periódica. En este punto es el propio cuidador el que tiene que valorar los resultados de la actividad realizada. Aquí puede analizar, por un lado, si al paciente le resulta interesante la actividad, y por otro lado, si la ejecuta bien. En este aspecto, no es necesario hacer una tabla de evaluación, sino de realizar un ejercicio de OBSERVACIÓN. Y, por supuesto, estar siempre abierto a que, si una actividad no funciona, gradualmente cambiarla por otra. Y digo GRADUALMENTE porque no hay que olvidar que, para los pacientes que tienen una demencia, los cambios bruscos en sus rutinas pueden dar lugar a episodios de agresividad. Siempre hay que buscar que poco a poco abandonen un hábito para ir poco a poco adaptándose a otro. 

5. No frustrarse. Como he mencionado anteriormente, el objetivo NO es que el paciente mejore, y mucho menos, que se cure, sino que la demencia avance más despacio. Y por supuesto, nunca se puede considerar un fracaso si, a pesar de nuestros esfuerzos, la enfermedad ha avanzado de forma súbita, pues también hay un componente biológico que al final es el que manda, aunque nosotros podamos “influenciarlo” para que no se reproduzca tan rápido.    

Conclusiones

Nunca se pueden realizar técnicas de estimulación cognitiva como si fuese una fórmula matemática, pues cada paciente es un mundo. Pero sí que se puede tener unas pautas generales que ayuden a que la intervención con el paciente sea lo más efectiva posible. Se podría escribir muchos manuales sobre el tema, pero al final, todo se resume en dos palabras: empatía y escucha. Si nosotros escuchamos a nuestros pacientes y los conocemos, prácticamente tendremos todas las herramientas necesarias para poder fijar con ellos las actividades, así como los objetivos.

Salvador Alexander
Terapeuta ocupacional y actor
 

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