La importancia de escucharse a uno mismo: las emociones del cuidador

La importancia de escucharse a uno mismo: las emociones del cuidador

El proceso de cuidar a alguien, cuando se prolonga en el tiempo, suele atravesar diferentes etapas.

Puede que al principio nos sintamos realizados ante la posibilidad de atender y acompañar a alguien que nos importa y eso nos aporte cierta felicidad, el sentirnos útiles.

Pero a medida que vaya pasando el tiempo, ante las exigencias de la situación sobre el cuidador, este puede ir notando fatiga física y mental que haga decaer su estado de ánimo o generarle cierto estrés al sentir que no le resulte fácil llegar a cubrir todas las necesidades, ni de la persona a la que cuida, ni las propias.

Por otro lado, cuidar a alguien implica una convivencia prolongada, por lo que no hablamos solo de lo que sienta, piense o haga el cuidador, sino de la relación entre dos personas.

Y como toda relación, generará situaciones conflictivas y desacuerdos que requerirán disponer y poner en marcha una seria de habilidades sociales y comunicativas a fin de que esa convivencia sea lo más satisfactoria posible.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) llevó a cabo un estudio de investigación sociosanitaria sobre cuidadores de personas mayores dependientes, basado en una encuesta a una muestra de 820 cuidadores. Uno de los resultados que muestra este estudio es que la tarea de cuidar afecta al estado de salud mental del 49,5 % de los cuidadores y que los problemas más relevantes serían frustración e impotencia, ansiedad, irritabilidad y enfado o depresión y tristeza.

Lo más importante para no cronificar ese desgaste es identificar esos sentimientos y emociones y permitirse el sentirlos, aceptando que son normales dadas las circunstancias. Solo así se podrán poner en marcha estrategias que ayuden al cuidador a gestionarlas correctamente, tanto por sí mismo como con la ayuda de grupos de apoyo o de personal especializado.

-Frente a la frustración e impotencia, será necesario tener una información veraz sobre el proceso y pronóstico de la enfermedad para poder generar así unas expectativas realistas sobre la evolución de la misma y el efecto de nuestros cuidados. Debemos marcarnos metas accesibles, a corto plazo, realistas y medibles.

-Para afrontar la ansiedad, es necesario conocer y poner en práctica estrategias y ejercicios de relajación que nos ayuden a disminuir la intensidad de la misma. También identificar los pensamientos desencadenantes relacionados, para poder sustituirlos por otros que rompan con esa cascada de ansiedad ascendente. Con la práctica, esos momentos críticos de ansiedad disminuyen tanto en intensidad como en duración, permitiendo afrontarlos y contrarrestarlos mejor.

-La irritabilidad o el enfado suelen aparecer cuando percibimos que alguna situación o alguien nos parece injusto. También cuando sentimos que sobrepasa nuestros derechos, que excede unos límites personales aceptables.

Enfadarse es algo normal. Como todas las emociones, no son más que el fruto de lo que las distintas situaciones provocan en la persona. Lo importante es el modo en que se actúa frente al enfado.

Es una emoción potente, que puede llevarnos a tener respuestas agresivas y desmesuradas.

Es mejor resolver las causas de nuestros enfados desde el diálogo que desde el ataque, pero para ello suele ser recomendable tomarse algo de tiempo para recuperar cierta calma y perspectiva y así luego poder transmitir qué sentimos, qué pensamos, qué nos gustaría para cambiar o mejorar la situación, escuchando también los motivos de la otra  persona.

Incluso cuando un cuidador no pueda cambiar la situación que le provoca esa irritabilidad, tomar esa distancia temporal le ayudará a afrontarlo desde otras perspectivas e incluso a buscar maneras alternativas de resolverlo.

- La depresión y la tristeza suelen ir ligadas a la impotencia o sensación de pérdida de control frente a acontecimientos negativos o dolorosos, o de pérdida en sí misma, bien sea por la pérdida de la salud, de la libertad, del trabajo...

El cuidador pierde muchas de esas cosas. Por tanto es normal que se sienta triste.

Para intentar paliar esa alteración del estado de ánimo es muy importante mantener el autocuidado y las propias metas y motivaciones, así como en contacto social y redes de apoyo.

Mantenerse activo en áreas de nuestra vida más allá del rol de cuidador nos permitirá recibir estímulos diferentes y no generalizar solo hacia lo negativo.

En resumen: es importante escucharnos a nosotros mismos para identificar lo que sentimos y, solo así, encontrar la manera de satisfacer nuestras necesidades y de dar respuesta a nuestras emociones.

Raquel Esteban
Directora Psicología de ITAF

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