¿Qué piensa y siente el propio anciano dependiente?

¿Qué piensa y siente el propio anciano dependiente?

Que nuestros padres puedan envejecer a nuestro lado, si ello es posible, puede ser una oportunidad excelente para devolver, solo en una mínima parte, lo que ellos hicieron por nosotros. Si podemos ayudarlos sabiendo cómo hacerlo y cómo ha de ser nuestra actitud más positiva, este inevitable proceso será mucho más llevadero para todos.

Una de las actitudes negativas que solemos tener es creer que han perdido la capacidad de decidir. La persona mayor (65 años) tiene un largo recorrido hasta la incapacidad absoluta o hasta llegar a la gran vejez (90 años o más). Mientras no se demuestre lo contrario, piensan, deciden y, sobre todo, sienten.

Martín (85 años) tiene hemiplejia por derrame cerebral. Necesitó atención intensiva al principio. Pasó por el estupor, la negación, rabia, desesperación, depresión, miedo, además de una inmensa culpa por ser un estorbo, una carga para su hija. Temía dar miedo a sus nietos cuando le vieran paralizado. Lloraba en silencio porque sabía que le tenía que decir adiós a la vida de antes. Tenía que disimular para que nadie le viera triste. Necesitando ayuda, no se dejaba ayudar, pues no quería que participaran en su desgracia. Él sólo quería «dejar de dar la lata».

Cuando llegó a la fase de aceptación, dejó de revolverse contra su destino. Empezó a fijarse en lo que había a su alrededor: unos hijos que le quieren, le cuidan y acompañan. Pudo, así, hablar con ellos, reconocer sus virtudes, decirles cosas positivas, darles ánimo para que siguieran adelante; hablarles de los sentimientos positivos que los padres sentimos por los hijos. Así Martín dio y recibió amor, cerrando el círculo con la sensación de bienestar y de conciencia tranquila.

Victoria Artiach Elvira. Psicóloga-psicoterapeuta.

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