¿Quién pone la lavadora ahora? El reparto de tareas domésticas en la nueva generación de mayores
Publicado por Patricia Fernández, periodista
Creado: 28 de abril de 2026 13:04
| Modificado: 28 de abril de 2026 13:14

Las mujeres mayores de hoy no son las de antes. Han trabajado fuera de casa, han cotizado y han construido una carrera. Sin embargo, al llegar a la jubilación, muchas siguen cargando con la mayor parte de las tareas domésticas. ¿Ha cambiado realmente algo o solo lo parece?
Índice
1. Una generación que rompió moldes, a medias2. La jubilación no cambia las costumbres en casa
3. La doble carga que nunca termina
4. Hombres que sí cambian, pero no son mayoría
5. El peso invisible de organizarlo todo
6. Nuevos modelos de pareja en la madurez
7. ¿Por qué cuesta tanto cambiar?
8. El impacto en la salud y el bienestar
9. Hacia un nuevo equilibrio familiar
10. Bibliografía
Una generación que rompió moldes, a medias
Las personas mayores de 60 años en España pertenecen a una generación bisagra. Especialmente las mujeres, porque muchas fueron las primeras en incorporarse al mercado laboral de forma masiva, en tener independencia económica y en combinar trabajo y familia.
Sin embargo, ese cambio no siempre vino acompañado de una redistribución real de las tareas del hogar.
Según la Encuesta de Empleo del Tiempo del Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres mayores de 65 años dedican más del doble de tiempo a las tareas domésticas que los hombres. En concreto, alrededor de 4 horas diarias frente a poco más de 2 horas en el caso de ellos.
Es decir, aunque ambos estén jubilados, el reparto sigue siendo desigual.
La jubilación no cambia las costumbres en casa
Uno podría pensar que, al llegar la jubilación, el tiempo libre permitiría equilibrar las responsabilidades en casa. Pero la realidad es más compleja.
Los hábitos adquiridos durante décadas pesan más que la disponibilidad de tiempo.
Muchos hombres mayores crecieron en hogares donde las tareas domésticas recaían exclusivamente en las mujeres. Y ese modelo, en muchos casos, se mantiene.
"Ahora que estamos jubilados, él dice que 'me ayuda', pero sigue siendo yo quien organiza todo", comenta una mujer de 67 años en un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid sobre envejecimiento y género.
La palabra "ayudar" es, en sí misma, reveladora, ya que implica que la responsabilidad principal sigue siendo de una sola persona.
La doble carga que nunca termina
Se supone que la jubilación llega para descansar, pero para muchas mujeres no significa parar, sino cambiar de tareas. Desaparece el empleo, sí, pero siguen la casa, los nietos, las citas médicas, la compra, la pareja enferma o los familiares dependientes. La pregunta incómoda es evidente: si ambos están jubilados, ¿por qué tantas responsabilidades siguen recayendo sobre ellas?
Según datos del IMSERSO (2023), alrededor del 70% de los cuidados informales en España recaen en mujeres mayores de 60 años. Es decir, muchas mujeres que han trabajado durante décadas fuera de casa continúan sosteniendo, ya en la madurez, buena parte del funcionamiento familiar. Y lo hacen, además, en un terreno difícil de cuestionar, porque el cuidado suele mezclarse con el cariño, la culpa y la idea de "estar disponible".
El debate no es sencillo: Muchas cuidan porque quieren, pero también porque se espera que lo hagan. ¿Dónde termina la elección y dónde empieza la obligación invisible? Quizá la jubilación debería servir también para revisar esos papeles heredados y preguntarnos si descansar puede ser realmente descansar cuando una parte de la pareja sigue llevando casi todo el peso de la vida doméstica.
Hombres que sí cambian, pero no son mayoría
Sería injusto decir que nada se mueve. Cada vez más hombres mayores cocinan, hacen la compra, cuidan de los nietos o se ocupan de algunas tareas de la casa. Muchos han cambiado, y ese avance merece reconocerse. Pero la pregunta es otra: ¿han asumido de verdad la corresponsabilidad o siguen participando solo en una parte del trabajo doméstico?
Según un informe del CSIC (2021), los hombres jubilados han aumentado su implicación en las tareas del hogar en los últimos años, aunque suelen concentrarse en actividades más puntuales o visibles, como hacer recados, sacar la basura o encargarse de gestiones. Son tareas importantes, sí, pero no siempre equivalen a sostener el día a día de una casa.
Porque ahí está el matiz: limpiar, cocinar a diario, organizar la nevera, prever lo que falta, cambiar sábanas o recordar citas sigue recayendo con más frecuencia en las mujeres. El cambio existe, pero todavía es incompleto. Y quizá el debate no debería ser si ellos "ayudan más", sino si el hogar se reparte de verdad.
El peso invisible de organizarlo todo
No todo el trabajo doméstico se ve. A veces no se trata de limpiar, cocinar o hacer la compra, sino de pensar en todo antes de que ocurra: qué falta en la nevera, cuándo toca médico, quién viene a comer o qué hay que preparar para mañana.
Esa carga mental sigue recayendo, en muchos hogares, sobre las mujeres. Y aunque no siempre canse las piernas, sí agota la cabeza. Porque la pregunta es ¿quién lleva realmente el peso de una casa, quien ejecuta una tarea o quien está pendiente de que todo funcione? Según diversos estudios en sociología del hogar, esta carga mental genera más estrés que la propia tarea física.
Nuevos modelos de pareja en la madurez
Aun así, algo empieza a moverse. Las generaciones que hoy tienen entre 60 y 70 años ya no aceptan tan fácilmente los papeles de siempre. Algunas parejas aprovechan la jubilación para renegociar cómo se organiza la casa; otras, directamente, han construido relaciones más igualitarias desde el principio.
También están apareciendo nuevas formas de vivir la madurez: parejas que prefieren mantener casas separadas, personas mayores que viven solas por elección o modelos de cohousing y vivienda colaborativa donde las tareas se reparten de otra manera.
Quizá ahí esté una de las claves del cambio: cuando la convivencia no se basa tanto en "lo que siempre se ha hecho", resulta más fácil preguntarse qué es justo, qué funciona y qué quiere realmente cada persona.
¿Por qué cuesta tanto cambiar?
Cambiar la dinámica doméstica a los 60 o 70 años no es fácil. No se trata solo de voluntad, sino de identidad.
Para muchas mujeres, encargarse del hogar ha sido durante años una forma de cuidar y de sentirse útiles. Para algunos hombres, asumir esas tareas implica salir de su zona de confort.
Además, existe un factor cultural, ya que, durante décadas, el reconocimiento social del trabajo doméstico ha sido limitado.
Como explica la socióloga María Ángeles Durán, referente en estudios sobre trabajo no remunerado, "el hogar sigue siendo el gran espacio invisible de la economía".
El impacto en la salud y el bienestar
El reparto desigual de tareas no es solo una cuestión de justicia doméstica. También afecta a la salud. Cuando una persona acumula limpieza, cocina, organización familiar y cuidados, el cansancio deja de ser puntual y se convierte en una carga diaria. En muchas mujeres mayores, esa suma se traduce en estrés, agotamiento emocional y menos tiempo para cuidarse a sí mismas.
Pero el reparto equilibrado no beneficia solo a ellas. Los hombres que se implican más en la vida doméstica también ganan: se sienten más útiles tras la jubilación, mantienen rutinas activas y participan más en la vida familiar. La pregunta, entonces, es: si compartir las tareas mejora la convivencia y el bienestar de ambos, ¿por qué sigue costando tanto hacerlo?
Hacia un nuevo equilibrio familiar
El cambio no consiste en "ayudar más", sino en repartir de verdad. Eso implica hablar, revisar hábitos y reconocer también las tareas que no se ven: planificar, anticipar, recordar y organizar. Porque una casa no funciona solo cuando alguien pasa la escoba, sino cuando alguien piensa todo lo que hay que hacer antes de que falte algo.
La jubilación puede ser una oportunidad para redefinir la convivencia. Después de tantos años de rutinas heredadas, quizá ha llegado el momento de preguntarse qué reparto es justo, qué carga lleva cada uno y cómo quiere vivir esta nueva etapa la pareja. Descansar debería ser un derecho compartido, no un privilegio desigual.
Porque, al final, el verdadero descanso de la jubilación no debería depender de quién pone la lavadora, sino de cómo se comparte la vida.
Bibliografía
- Instituto Nacional de Estadística (INE). Encuesta de Empleo del Tiempo y datos sobre trabajo no remunerado
- INE / Europa Press. Reparto de tareas domésticas en parejas
- Oxfam Intermón. Informe sobre desigualdad en cuidados y trabajo doméstico
- Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE). Datos sobre cuidados y tareas domésticas en España y Europa
- Fundación "la Caixa". Valor económico del trabajo doméstico en España
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