Primeros auxilios básicos

Primeros auxilios básicos

Primeros auxilios básicos: acompañamiento, constantes vitales, cortar una hemorragia y síncope.

Acompañamiento

En primer lugar debemos asegurarnos de que el escenario es seguro tanto para el paciente como para la persona que auxilia. Una vez comprobado esto pediremos asistencia médica de forma urgente si es necesario. En todo momento debemos mantener la calma y tranquilizar al paciente.

Si el paciente se encuentra inconsciente y con respiración ausente o anormal (las respiraciones lentas o agónicas son indicativas de parada cardíaca), tras llamar al Servicio de Emergencias comenzaremos con  compresiones torácicas lo antes posible y ventilaciones de rescate a un ritmo de 30:2. En caso de no saber realizar estas ventilaciones realizaremos compresiones torácicas ininterrumpidas a un ritmo de 100-120  por minuto, comprimiendo a una profundidad de 5 cm en mitad inferior del esternón ( centro del pecho). Si tenemos disponibilidad de desfibrilador automático los encenderemos en cuanto llegue y seguiremos sus instrucciones.

Constantes vitales

La constantes vitales a comprobar por personal no sanitario de forma rápida son la respiración y el pulso. En función de los hallazgos actuaremos como se indica en primer epígrafe. Importante tener en cuenta que ante el hallazgo de una respiración anormal en el contexto de un paciente con pérdida de conocimiento, debemos actuar como si el paciente no respirara y comenzar la reanimación cardiopulmonar básica.

Hemorragia

Para detener una hemorragia visible debemos hacer compresión firme y constante sobre la herida si es posible con una venda o paño limpio, durante al menos cinco minutos, y elevar la parte que sangra por encima del nivel del corazón. Si el sangrado filtra colocaremos otro paño sobre la herida sin retirar el primero y continuamos presionando.

En lesiones muy graves de extremidades que puedan comprometer la vida se puede aplicar un torniquete colocando un vendaje por encima de la herida sangrante.  El objetivo es impedir el flujo de sangre hacia la parte del cuerpo donde se aplica.

Síncope

Un síncope es una pérdida de conciencia. La mayoría, aunque puedan resultar muy llamativos y alarmarnos, son de perfil benigno.

Atendiendo a la causa podemos clasificarlos en vasovagal, ortostático, cardiogénico o neurológico.

El más frecuente es el síncope vasovagal, que ocurre por una bajada de tensión arterial, en ocasiones motivada por ambientes calurosos o situaciones de deshidratación. En este caso el pulso del paciente tendrá una frecuencia lenta. Ocurre cuando el paciente está erguido y se alivia al recostarse y elevando las piernas del paciente. Es recomendable colocar en lugar fresco, refrescar con agua (esponjas, pulverizador, gasas húmedas), hidratación oral, quitar ropa ajustada y elevar las piernas.

El síncope cardíaco se instaura de forma brusca sin preaviso pudiendo comprometer la vida, por lo que la rapidez de actuación es fundamental. La causa más frecuente son las arritmias y la disponibilidad de un desfribilador automático cercano es clave en el pronóstico.  El síncope ortostático ocurre en ocasiones al ponerse de pie de forma brusca; el efecto de la gravedad disminuye la presión arterial porque hay menos sangre circulando de regreso al corazón. El síncope por ortostatismo es frecuente en mayores de 65 años y la recuperación suele ser rápida. El síncope neurológico es menos frecuente y alguna de sus posibles causas son epilepsia e ictus.

En caso de que el síncope se acompañe de convulsiones, habrá que colocar al paciente en posición de seguridad (lateral) apoyar la cabeza sobre superficie blanda para evitar que el paciente se golpee y no introducir ningún objeto en la boca ni intentar bloquear la lengua. Ante una sospecha de ictus debemos solicitar asistencia médica inmediata puesto que un retraso en la atención empeora significativamente el pronóstico del paciente. 

Dr. Cristina Garrido
Médica interna de HC Marbella y miembro de Top Doctors.
https://www.topdoctors.es/doctor/cristina-garrido-laguna

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