RECUERDOS

¿Qué podemos transmitir a partir de nuestra propia memoria a nuestra familia?

¿Qué podemos transmitir a partir de nuestra propia memoria a nuestra familia?

«Venga, abuela, cuéntanos cosas de cuando tú eras pequeña», nos pide una vocecilla que, a veces, no es más que el eco de nuestros propios deseos de revivir la propia historia: volver a encontrarnos con el niño que fuimos para tomar mejor de la mano al que nos pregunta y ayudarle a construir su futuro. Recibir y transmitir: son las palabras que enlazan a las sucesivas generaciones.

Generación tras generación se transmite la vida, nombres, valores, principios... y una historia completa. Cuando decidimos transmitir esa historia a nuestra familia, a nuestros descendientes, nos convertimos en intermediarios, en eslabones de una cadena que no tenemos ningún derecho a interrumpir. Ese es también el deber de la memoria. La memoria es como un tesoro que cada generación reconstruye a partir de los testimonios de sus padres, de conocimientos, de encuentros, y que enriquece con sus propios descubrimientos y su propia experiencia. Los personajes emergen y adquieren vida gracias a las anécdotas, se crean complicidades y van apareciendo las semejanzas.

La memoria, de generación a generación

Todos los abuelos lo han experimentado: cuando cuentan a sus nietos la infancia de sus hijos, transmiten de estos una imagen muy diferente. A los niños los anima y les da confianza saber que sus padres no han sido siempre los adultos razonables que son ahora y que, cuando eran pequeños, también hacían travesuras.

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