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DERECHO A DECIDIR

El derecho a decidir de las personas mayores: ¿dónde están los límites?

El derecho a decidir de las personas mayores: ¿dónde están los límites?

Todos tenemos derecho a decidir sobre nuestra vida, aunque hay casos en los que surgen dudas sobre la capacidad y responsabilidad de nuestros actos.

¿Hasta cuándo tengo derecho a decidir sobre mi vida?

Todos tenemos derecho a decidir sobre nuestras vidas. Nacemos con una serie de derechos fundamentales (dignidad, intimidad, elección, etc.) que no desaparecen por el mero hecho de hacernos mayores.  No obstante, en ocasiones la edad es considerada como el elemento único y fundamental que delimita esa capacidad. Algunos piensan que cuando nos hacemos mayores, dejamos de saber bien qué es lo que más nos conviene y se ven en la obligación de tener que tomar esas decisiones por nosotros. Ante esa situación hay que sacar los valores, nuestras creencias y defender nuestro derecho a decidir aunque las respuestas que emitamos no gusten a las personas que nos rodean, aunque estos nos quieran y en cierto modo lo único que puedan pretender es protegernos. Recuerde que usted tiene derecho a decidir y a equivocarse.   

En caso de padecer demencia, ¿podría seguir decidiendo?

En el caso concreto de las personas mayores, la toma de decisiones puede verse, en ocasiones, limitada por la presencia de enfermedades como el deterioro cognitivo que pueden afectarla negativamente. Ante estas situaciones es fundamental que los profesionales correspondientes evalúen pormenorizadamente hasta qué punto esa enfermedad está limitando su capacidad de toma de decisiones para establecer cuáles puede seguir tomando por sí mismo y cuáles debe delegar en otros. Si se considera que la persona mayor tiene capacidad de toma de decisiones, podrá ejercer plenamente ese derecho.

En caso de presencia de deterioro cognitivo y/o físico lo más adecuado es que las decisiones siempre sean tomadas en consenso con la propia persona mayor (o en base a sus deseos) y el resto de personas implicadas, con el objetivo de asegurar el bienestar de todas las partes.

También, y para poder prevenir mi futuro en caso de que una enfermedad como el Alzheimer arrebate nuestros recuerdos y nuestro juicio, podemos realizar un testamento vital, o voluntades anticipadas en el que dejar por escrito cómo queremos que nos cuiden en caso de perder las facultades mentales.

¿Tengo derecho a decidir sobre mi salud?

Las personas mayores también tienen derecho a decidir sobre el cuidado de su salud en lo que respecta a medicación, tratamientos, estilo de vida, etc. Tienen derecho a recibir información directamente sobre su estado de salud, y con ello se evitaría el fenómeno de la ocultación de la información, que es frecuente en personas mayores.

Por ejemplo, si se detecta un problema de salud en una persona mayor, un profesional puede actuar de diferentes formas. Por un lado, puede informar directamente a la persona mayor (lo que es correcto) para que ésta tome la decisión. Por otro lado, puede dar la información a la familia y no a la persona mayor, siendo la familia la que toma la decisión final. Esto se debe a que algunos profesionales son paternalistas con las personas mayores y consideran que no podrá hacer frente a la situación, que hay que protegerlos. En algunos casos, es el profesional el que directamente toma la decisión y esta podría ser no hacer nada, porque crea que el tratamiento no va a tener ningún efecto por el simple hecho de que la persona es mayor. A esto se le conoce como nihilismo terapéutico.

Es fundamental que seamos conscientes de que las personas mayores tienen derecho a decidir si quieren un tratamiento o no, qué tipo de tratamiento prefieren (en función de sus características y necesidades), si se toman una medicación o no.  Y, al igual que el resto de los adultos, para tomar una decisión que afecte a su salud deben disponer de toda la información al respecto para poder así valorar las consecuencias que pueden derivar de sus decisiones y ser conscientes de ellas.

Me gusta cuidar a mis nietos pero apenas puedo salir

El cuidado de los nietos implica una serie de consecuencias que pueden ser positivas (recompensas) o negativas (costes). Entre las consecuencias negativas asociadas al cuidado de los nietos, aparece confusión o solapamiento de los roles desempeñados, estrés, afectación negativa de la salud física y mental, alteración de sus rutinas o planes, cansancio físico y psicológico o emocional, sobrecarga, disminución del tiempo para el desarrollo personal, disminución de la privacidad e intimidad, disminución del tiempo dedicado a otras cosas o personas, pérdida de capacidad económica, empeoramiento de las relaciones con los mismos nietos, depresión, ansiedad, hostilidad, somatización, baja autoestima, aislamiento, diabetes, hipertensión, insomnio, riesgo de enfermedad coronaria, bajo bienestar, poca satisfacción con el rol de abuelo e incluso pueden aparecer situaciones de malos tratos hacia las personas mayores.

Asimismo, la situación del cuidado de los nietos es tan heterogénea que no se puede hablar de abuelos de una manera general, sino que se deben tener en cuenta ciertas diferencias. Por una parte, hay abuelos que proporcionan cuidado regular a sus nietos ya sea formalmente o informalmente, y también hay abuelos que no proporcionan cuidados a sus nietos. Por otra parte, también se debe tener en cuenta la intensidad del cuidado, puesto que no es lo mismo tener que cuidar a los nietos de una manera esporádica (como opción voluntaria y actividad de ocio y disfrute), que pasar de “poder disfrutar de los nietos” a contraer la obligación de cuidar de los mismos, desempeñando tareas, en la mayor parte de las ocasiones, propias de los padres.

Esto sucede debido a que, en ocasiones, los abuelos se ven obligados a tener que cuidar de sus nietos por la situación de sus hijos (sin que tengan mucha capacidad de decisión) tal y como si se tratase de una “responsabilidad laboral”, razón por la cual algunos pueden percibirlo como una carga.  

Esta carga puede estar relacionada con diferentes aspectos, como por ejemplo, con el hecho de sentirse esclavos de esta tarea, al sentir que es algo obligado e impuesto, o autoimpuesto. Esto les impide desarrollar otras tareas o actividades, incluso aunque lo asuman como algo natural, que “les toca” y que quieren hacer. Así, existe un síndrome, denominado síndrome de la abuela esclava, que afecta a mujeres sometidas a sobrecarga física y emocional y que provoca síntomas físicos (hipertensión, sofoco, cansancio, etc.) y emocionales (ansiedad, tristeza, sentimientos de culpa, etc.). Se habla de abuela y no de abuelo, puesto que son ellas las que cuidan con mayor frecuencia e intensidad. Estas mujeres, que cuidan a nietos o a familiares sistemáticamente, tienen una sobrecarga de responsabilidades y deberes pero no de derechos y actividades.

Además, este sentimiento de sentirse esclavos puede derivarse de determinados pensamientos. Muchas veces las personas mayores piensan que algunos hijos se aprovechan, son egoístas, poco agradecidos, se sacrifican menos de lo que ellos se sacrificaron por sus hijos o que quieren vivir más cómodamente alcanzando un nivel de vida lo más alto posible “a costa” de los abuelos, de su ayuda incondicional. No obstante, y aún con estas sensaciones, lo cierto es que a los abuelos les cuesta mucho poner límites a las demandas de cuidado, porque piensan que los hijos pueden enfadarse (y, por ejemplo, “castigarles” con no dejarles más a los nietos).

¿Qué hacer si me dan la razón como a los tontos?

Existen estereotipos negativos hacia las personas mayores, responsables, por ejemplo, de la creencia mantenida por algunas personas de que “las personas mayores son como los niños” lo que deriva en situaciones de infantilismo. Este infantilismo se encuentra encuadrado dentro de la categoría de malos tratos psicológicos.

Algunas personas piensan que los mayores son como niños y como tal les tratan: regañándoles, llevándoles de la mano, utilizando un lenguaje infantilizador con diminutivos incluso en sus nombres, de manera que Don Carlos de repente se convierte en Carlitos o utilizando la primera persona del plural, el “nos” para todo, o hablando de nuestros mayores, lo que denota un paternalismo, no dejándoles que tomen sus propias decisiones, etc. Ante esta situación, las personas mayores deben hacer valer su derecho a expresar sus opiniones y tomar sus decisiones, independientemente de lo que opinen los demás. Además, exigir ser tratado con el mismo respeto que cualquier otra persona y como adulto, nunca como un niño.

¿Cómo poner los límites a las decisiones de los hijos?

Cuando alguien se hace mayor y sobre todo en casos de mayores viudos/as, los hijos, en muchos casos con la idea de proteger a sus padres, empiezan a tomar decisiones en su nombre y por su bien. A esto se le denomina sobreprotección y da lugar a consecuencias negativas para la persona mayor.

Little (1988) sugirió un modelo que explica muy bien este fenómeno. En primer lugar, cuando los hijos tienen expectativas negativas sobre la capacidad de la persona mayor para, en este caso, decidir por sí mismo, aparecen las conductas de sobreprotección (tomar las decisiones por ellos). Y esa sobreprotección limita la oportunidad de la persona mayor para practicar esa capacidad. Esto conduce inevitablemente, a una reducción real de esa capacidad y un aumento de la dependencia, apareciendo el fenómeno de autoprofecía cumplida.

Esto también explicaría el fenómeno del exceso de incapacidad que tiene lugar cuando la persona es dependiente pero no existe una causa biológica o psicológica que la explique, sino que se debe exclusivamente a la falta de práctica de capacidades. Esto provoca un aumento de la dependencia. Si es bien conocido lo costosa que es la dependencia a todos los niveles, el esfuerzo debería ir dirigido a fomentar la autonomía.

Consejos para seguir siendo el dueño de mi vida

Las personas mayores deben ser conscientes de que son importantes, de que son los protagonistas de sus vidas y además:

  • ser conscientes del valor que tienen como persona y que el hecho de envejecer no influye negativamente sobre ese valor además de defender que ese valor sea reconocido;
  • seguir tomando sus propias decisiones, ellos tienen la última palabra aunque si quieren puedan pedir consejo y/u opinión a otros;
  • participar en actividades sociales, comunitarias, etc., no aislarse, relacionarse con los demás y mantenerse activos;
  • no aceptar la imagen negativa que la sociedad transmite de las personas mayores;
  • expresar sus opiniones, transmitir su experiencia a los demás;
  • mantener la ilusión y el interés por cosas nuevas, nunca es tarde para aprender;
  • exigir recibir un buen trato.

¿Por qué es bueno ser responsable de nuestros actos?

Las personas mayores tienen el derecho a elegir como quieren vivir, aunque en ocasiones se les impide hacerlo. Así por ejemplo con cierta frecuencia se les excluye de las conversaciones, se tienen que ajustar a los horarios y prioridades de los demás, se les trata de forma impersonal, o peor aún, se les trata como a niños.

Los mayores son autónomos aunque en ocasiones son dependientes. Lo opuesto de la autonomía no es la dependencia (necesitar de otros) sino la heteronomía (que los otros decidan por uno). Conviene que los mayores decidan por sí mismos, promuevan su autonomía y se responsabilicen de sus decisiones y actos basados tanto en sus valores como en sus creencias personales.

Aunque el principio de autonomía de toda persona tiene que compatibilizarse con el de beneficencia (buscar hacer el bien a las personas, procurándoles el mayor beneficio posible y limitando los riesgos) y el de justicia (no discriminar a ninguna persona y distribuir los recursos y de forma equitativa, protegiendo a los más necesitados).

¿Tengo derecho a volver a enamorarme a pesar de haberme quedado viudo/a?

Enamorarse es buscar en el otro la razón de nuestra alegría. No es sólo decir “te quiero”, sino compartir felicidad y amor a aquellos que queremos. Obviamente todos tenemos derecho a dar amor pero en el caso de las personas mayores viudas en ocasiones este derecho se ve desautorizado por ellos mismos o por quienes les rodean.

Las personas viudas para no reprocharse el enamorarse de otra persona tienen que aprender a recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo. Hay que encontrar un lugar apropiado en la vida emocional al ser querido que ha fallecido que deje espacio para los demás. No se trata de olvidar, sino que el recuerdo del ser fallecido no le impida sentirse cómodo y volver a vivir su vida. Existen otras personas a las que amar y eso no significa que se quiera menos a quien ya no está en este mundo físicamente.

Quienes rodean a la persona viuda también tienen que recolocar su imagen del familiar mayor, su concepto de él o ella, vencer sus miedos ante lo desconocido de una nueva pareja de su familiar…

¿Cómo y dónde puedo dejar elaborada mis últimas voluntades?

Cada vez que se hace un testamento ante un funcionario público (generalmente un notario) estos comunican a un registro de Madrid, el Registro General de Actos de Última Voluntad que tal persona ha hecho testamento. No envían el testamento original, que queda en notaría, sino que sólo comunican los datos esenciales: notario ante quien se hizo, fecha, nombre del testador, etc. Si esa misma persona vuelve a hacer testamento, de nuevo volverán a comunicarse los datos.

El certificado de últimas voluntades es por tanto el documento que acredita si una persona fallecida había hecho testamento y ante qué notario había lo hecho, para que sirva a los interesados en distintos asuntos: pensiones, derechos sucesorios, indemnizaciones... Para solicitarlo se cumplimenta un impreso de Últimas Voluntades, que se puede adquirir en los estancos, con los datos que figuran en la partida de defunción. Cuando se adquiere el impreso se adjuntan dos sobres: uno con la dirección del registro y otro más pequeño, que necesita sello, para que el interesado escriba sus señas, con el fin de poder remitir el certificado a su domicilio.

Autores: Javier Lopez y Gema Perez Rojo.

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Comentarios (1)

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Macu
01 julio 2017 09:17

Me encanta eso de que los ancianos puedan decidir, pero... ¿qué pasa cuando sus decisiones perjudican seriamente la vida y la salud de los demás? ¿cuando su médico te dice que no está demente y él decide que no se arregle su casa que no reúne condiciones de habitabilidad y es él quien maneja el dinero? ¿cuando tú has enfermado gravemente y se niega a ir a una residencia y tienes que seguir tirando de él a costa de tu salud? ¿cuando tiene dinero suficiente para pagar, no a una, sino a dos cuidadoras y se niega y tú te has contagiado por haber tenido que estar días y días en un hospital con él con las defensas por los suelos debido a tu enfermedad y has caído ya, agotada de problemas, en un pozo negro? ¿hasta dónde llegan sus derechos y hasta dónde los tuyos? Sin más.

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