El problema que muchos achacan a la edad y que podría estar acelerando el deterioro del cerebro


Publicado por Patricia Fernández, periodista
Creado: 18 de septiembre de 2026 12:33 | Modificado: 18 de septiembre de 2026 12:45


El problema que muchos achacan a la edad y que podría estar acelerando el deterioro del cerebro

"No oigo como antes, pero es normal, son cosas de la edad". Esta frase se escucha con frecuencia entre las personas mayores. Sin embargo, cada vez más investigaciones apuntan a que esa pérdida de audición no es solo un problema para seguir una conversación o subir el volumen del televisor. Podría estar relacionada con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Los especialistas insisten en que no se trata de una relación inevitable, pero sí de un factor sobre el que merece la pena actuar cuanto antes.

Pérdida de audición y demencia: una relación que la ciencia investiga cada vez más

Hasta hace pocos años, la pérdida auditiva se consideraba una consecuencia más del envejecimiento. Hoy la investigación la observa desde una perspectiva muy diferente.

Diversos estudios publicados durante los últimos años, junto con nuevas revisiones científicas de 2026, coinciden en que las personas con pérdida auditiva presentan un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo o demencia que aquellas que conservan una buena audición. No significa que perder oído provoque por sí solo una demencia, pero sí que puede convertirse en un importante factor de riesgo modificable.

De hecho, la pérdida auditiva figura desde hace años entre los factores potencialmente modificables identificados por la Comisión Lancet sobre prevención de la demencia, junto con otros como la hipertensión, la diabetes, el aislamiento social o el sedentarismo.

No es solo dejar de oír, es hacer trabajar más al cerebro

Los investigadores creen que existen varios mecanismos que podrían explicar esta relación.

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Uno de ellos es el llamado sobreesfuerzo cognitivo. Cuando una persona oye mal, el cerebro necesita dedicar muchos más recursos a descifrar las palabras y completar las partes de la conversación que no consigue escuchar. Ese esfuerzo constante deja menos capacidad disponible para funciones como la memoria, la atención o el razonamiento.

A ello se suma otro problema importante. Muchas personas con pérdida auditiva empiezan, casi sin darse cuenta, a evitar reuniones familiares, conversaciones largas o actividades sociales porque seguirlas les resulta agotador.

Ese aislamiento progresivo también se considera uno de los factores relacionados con el deterioro cognitivo.

El oído también mantiene activo al cerebro

Durante décadas se pensó que el oído era simplemente un órgano encargado de captar sonidos.

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Hoy se sabe que escuchar supone una auténtica gimnasia para el cerebro.

Cada conversación obliga a identificar voces, interpretar emociones, recordar palabras y responder en cuestión de segundos. Todo ello mantiene activas numerosas áreas cerebrales.

Cuando esa estimulación disminuye durante años, algunas regiones relacionadas con el procesamiento auditivo y el lenguaje parecen perder actividad con mayor rapidez. Aunque todavía se sigue investigando si este proceso es una causa directa o una consecuencia compartida del envejecimiento cerebral, la relación resulta cada vez más consistente en los estudios científicos.

Muchas personas tardan años en pedir ayuda

Uno de los grandes problemas es que la pérdida auditiva suele aparecer de forma muy lenta.

No ocurre de un día para otro.

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Al principio cuesta seguir conversaciones cuando hay ruido de fondo. Después se empieza a pedir que repitan las frases o se sube el volumen del televisor.

Como estos cambios aparecen poco a poco, muchas personas se acostumbran a convivir con ellos y retrasan durante años la consulta con el especialista.

Los otorrinolaringólogos recuerdan que cuanto antes se valore una pérdida auditiva, antes pueden buscarse soluciones adaptadas a cada caso.

¿Los audífonos pueden proteger también al cerebro?

Esta es una de las preguntas que más interés despierta actualmente.

Aunque todavía no puede afirmarse que los audífonos prevengan la demencia, varios estudios observacionales y grandes cohortes internacionales han encontrado que las personas con pérdida auditiva que utilizan correctamente estos dispositivos presentan un riesgo menor de desarrollar deterioro cognitivo que quienes no los utilizan.

Los investigadores creen que recuperar la capacidad para comunicarse favorece la interacción social y reduce el esfuerzo que realiza el cerebro para interpretar los sonidos.

Aun así, los especialistas recuerdan que el uso de audífonos forma parte de una estrategia global de envejecimiento saludable y no constituye una garantía frente a la demencia.

Hay señales que conviene no ignorar

Muchas veces es la familia quien detecta antes el problema.

Frases como "habla más alto", "no te entiendo" o "pon otra vez la televisión" pueden parecer pequeñas anécdotas, pero si se repiten con frecuencia conviene consultar con un profesional.

También pueden llamar la atención otras situaciones como dificultad para seguir conversaciones en grupo; necesidad de aumentar continuamente el volumen del televisor; confusión frecuente entre palabras parecidas; y evitar reuniones o conversaciones porque resulta difícil seguirlas.

Identificar estos cambios a tiempo permite valorar si existe una pérdida auditiva y estudiar cuál es el tratamiento más adecuado.

Cuidar el oído también forma parte del envejecimiento saludable

Durante mucho tiempo, las campañas de prevención han insistido en controlar la tensión arterial, el colesterol, la diabetes o el ejercicio físico.

Ahora los expertos empiezan a añadir un elemento más: la salud auditiva.

Realizar revisiones periódicas, consultar ante cualquier sospecha de pérdida de audición y utilizar los dispositivos recomendados cuando sean necesarios forman parte de una estrategia destinada a mantener la autonomía y la calidad de vida durante más años.

No se trata únicamente de escuchar mejor. Se trata de seguir participando en conversaciones, mantener relaciones sociales, continuar aprendiendo y conservar activo el cerebro.

Un cambio de mirada

Quizá el mayor cambio que está dejando esta línea de investigación sea precisamente ese.

Durante mucho tiempo se asumió que perder audición era una consecuencia inevitable de cumplir años. Hoy sabemos que merece la pena prestarle mucha más atención.

La ciencia aún investiga hasta qué punto mejorar la audición puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Lo que ya parece claro es que ignorar una pérdida auditiva durante años no beneficia ni a la comunicación, ni al bienestar emocional, ni, probablemente, tampoco al cerebro.

Escuchar bien puede ser mucho más importante de lo que pensábamos.

 

Bibliografía

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Deafness and hearing loss.
  • Fuentes-Santamaría V. et al. Hearing Loss as a Potentially Modifiable Marker of Dementia Risk. 2026.

 

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