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SEXUALIDAD

Consejos sexuales para mayores de 50

Consejos sexuales para mayores de 50

¿Existe el sexo en las personas mayores? Por supuesto; aunque hay que tener en cuenta que la sexualidad va cambiando con la edad. Consejos sexuales para mayores de 50.

El sexo en los mayores

La sexualidad no se debe considerar una función puramente biológica, sino que en ella participan también, y a veces de una manera especial en las personas mayores, las esferas psicológica y social. Actualmente se acepta que los contactos sexuales se modifican cualitativamente con la edad, dejando de ser el coito el objeto y el fin de la aproximación sexual, y realzándose otros aspectos como lo sensual, lo erótico, lo afectivo o las actividades genitales no coitales (caricias, masturbaciones, etc.), buscando más la comunicación humana que el puro placer. Por ello, habría que aceptar como normales en las personas mayores ciertos cambios en el patrón sexual estándar, tales como una reducción en el número de coitos y un aumento proporcional de otras actividades sexuales como los tocamientos, las caricias, los ratos de intimidad emocional, las relaciones de compañía o las masturbaciones.

Un logro importante sería educar a las personas mayores sobre las modificaciones que van a experimentar en su organismo, en concreto a nivel genital y sexual, explicándoles que la función sexual puede mantenerse, aunque de una forma diferente a la actividad sexual previa. Esta información del anciano permitiría adaptarse a su nuevo comportamiento sexual, evitándose así ciertas decepciones y situaciones de ansiedad ante las siguientes relaciones sexuales, que lo único que pueden llagar a provocar es el cese de la actividad sexual de una forma innecesaria.

Es muy importante que destaquemos el cambio de paradigma que debe existir en la sexualidad de las personas mayores, donde la penetración pierde importancia, mientras las caricias, la ternura, los besos y el erotismo pueden potenciarse. En las personas mayores existe una mayor experiencia sexual y un mayor entendimiento en la interacción con la pareja, con una mayor ternura y sabiduría, se agudiza el criterio de la realidad, se toma mayor conciencia de lo que se puede y no puede hacerse con el sexo.

La importancia de la comunicación en el sexo

La comunicación en el sexo es uno de los aspectos clave para conseguir la máxima satisfacción; para ello es imprescindible potenciar el diálogo y el mutuo interés en las necesidades de la pareja, es por lo tanto uno de los elementos más importantes para lograr la plenitud sexual. La mayoría de los problemas de compatibilidad sexual surgen de la carencia de comunicación, de las necesidades y gustos en el momento de compartir la intimidad. Muchas parejas viven juntos durante décadas sin detenerse nunca a dialogar sobre la vida sexual, les parece incluso vergonzoso interesarse sobre las necesidades del otro en ese campo.

Por lo tanto la información sobre qué tipo de caricias o besos estimulan más a la pareja, que posición les causa mayor placer o la forma de estimular zonas erógenas se pierden como consecuencia de la falta de comunicación. A las dificultades naturales para el diálogo, debe agregarse una escasa, nula o deficiente educación sexual. En este campo es de destacar la influencia del machismo como sistema social que determina el comportamiento de hombres y mujeres, perpetuando conductas que cercenan principalmente en el varón, sus capacidades potenciales de dar y recibir afecto.

Es de destacar que la comunicación humana tiene un fuerte componente no verbal, la vista es en el ser humano, luego de adoptar la posición bípeda, la primera forma de acercamiento. Esto aplicado a la sexualidad nos hace tomar conciencia de la importancia que tiene en el cortejo humano las miradas, el vestir, las poses, los mini espectáculos de desnudo, todo aquello que se hace para ser visto y atraer a la otra persona; y no estamos hablando de espectáculos públicos sino en la intimidad del hogar.

Por lo tanto potenciar la creatividad, dar rienda suelta al espíritu lúdico ( muy estimulado en la niñez, pero reprimido en la edad adulta ) apertura, espíritu aventurero y la convicción que en el ámbito de la pareja y en mutuo acuerdo, todo es válido para el goce de la sexualidad, dentro del marco del respeto a las opciones personales y sin dañar la dignidad del ser humano, son los mejores elementos para destrabar el diálogo y avanzar al goce pleno de la sexualidad y la comunicación en toda la vida de relación.

¿Qué debo de saber sobre el sexo a medida que voy envejeciendo?

En el ser humano, la sexualidad se adquiere durante la adolescencia, suele marcar su madurez y se va modificando con el paso de los años, aunque al igual que ocurre con otras funciones de nuestro organismo, esta función no se va a mantener constante a lo largo de la vida, sino que debamos pensar que necesariamente desaparece con el envejecimiento.

Lo que ocurre es que la sociedad ha aceptado desde siempre que el envejecimiento lleva asociado un marcado declinar de la sexualidad e incluso su desaparición. Por ello, es bastante habitual la creencia de que los hombres y las mujeres no tengan necesidades y relaciones sexuales cuando llegan a la vejez. Desgraciadamente, la cultura desempeña un papel importante en este sentido, debido a los estereotipos que se mantienen en torno al envejecimiento. Junto con esta falsa creencia, tradicionalmente ha existido un escaso interés por este tema, añadiéndose numerosos prejuicios derivados de aspectos culturales, sociales, religiosos, espirituales, etc., en función de los cuales se le ha dado una escasa importancia a la sexualidad, asignándole además una escasa influencia sobre la Calidad de Vida del mayor, lo que ha contribuido a que el conocimiento en este área del comportamiento humano haya sido muy escaso y limitado.

En muchas ocasiones, la posibilidad de que las personas mayores puedan tener manifestaciones sexuales de cualquier tipo puede ser sistemáticamente negada, rechazada o ignorada en la mayoría de los ámbitos de la sociedad, tanto general como científica. Desgraciadamente, este hecho cultural y social, sumado al escaso conocimiento que tienen las personas mayores sobre los cambios que experimenta su organismo con el envejecimiento, han contribuido de una manera rotunda a generalizar una forma de pensar equivocada, que hace sinónimos envejecimiento y pérdida de actividad sexual.

El resultado final es que la gran mayoría de la sociedad, y lo que es todavía peor, que incluso una gran parte de los profesionales sanitarios piensen que la persona mayor es un ser asexual por definición. Probablemente, un porcentaje importante de responsabilidad en este tema recaiga sobre ciertos hábitos educativos y culturales, tanto de la sociedad general como de los propios profesionales sanitarios, ya que hasta hace muy poco tiempo no se consideraba correcto hablar públicamente de la sexualidad, y en el caso concreto de los ancianos podía parecer hasta "improcedente" plantear siquiera la posibilidad de que tengan su propia sexualidad.

Pero, actualmente, tratar de negar la existencia de la sexualidad en los ancianos sería incorrecto, ya que la sexualidad es una constante vital que se va desarrollando a lo largo de nuestras vidas y nos acompaña hasta la muerte. Por lo tanto, plantear que la sexualidad desaparece con los años no se fundamenta, ya que nadie, desde el punto de vista científico, podría decir a qué edad desaparece la actividad sexual, bien como pensamiento o deseo sexual (libido) o como actividad física (coito, tocamientos, besos, caricias, etc.).  

En este sentido, no hay que olvidar que cada vez está más integrada la sexualidad, incluso la de las personas mayores, dentro de su Calidad de Vida, y que los profesionales sanitarios deberíamos esforzarnos más en incorporar la sexualidad y sus alteraciones dentro de la atención integral del anciano.

Factores que influyen en la sexualidad de las personas mayores

En el mantenimiento de la sexualidad de las personas mayores influyen diversos factores orgánicos y psicosociales.

Es indudable que con el envejecimiento fisiológico van a ocurrir una serie de cambios, tanto anatómicos como funcionales, que pueden modificar la actividad sexual de los ancianos e incluso limitarla o interferir con ella. Estos cambios afectan tanto al estado de los aparatos y sistemas más generales (sistema nervioso, cardiovascular,  locomotor, etc.), como de los más específicos (aparato genital, aparato urinario). Lo deseable sería que todos estos cambios fueran bien conocidos por los profesionales sanitarios, y explicados a los propios ancianos, para que se pudieran adaptar a ellos y que de esta forma repercutieran de manera negativa sobre su actividad sexual.   

Actualmente sabemos que el cese de la actividad sexual no es un hecho que vaya ligado a la edad cronológica del anciano, sino más bien un suceso variable que dependerá en gran medida de unos factores individuales (estado de salud del sujeto y de su pareja; grado de incapacidad física y mental del sujeto y de su pareja; la frecuencia y la calidad de las relaciones sexuales previas; nivel de conocimiento de los cambios que aparecen con el envejecimiento en la función sexual; diferentes aspectos psicosociales; componente espiritual, etc.)

Indudablemente, en los ancianos pueden aparecer otra serie de factores, con un peso específico variable, que van a poder reducir o limitar la persistencia de la actividad sexual. Los más relevantes van a ser la comorbilidad (pluripatología) y el grado de incapacidad, el estado de viudedad y  la falta de intimidad.

Sexualidad e incapacidad

Uno de los hechos que con mayor frecuencia provocan un cambio importante en la sexualidad de las personas mayores es la incapacidad física secundaria a las enfermedades, influyendo por diferentes motivos: por empeorar la movilidad del anciano (por ejemplo las enfermedades osteoarticulares, las secuelas neurológicas o las amputaciones); por reducir la resistencia al esfuerzo (como las enfermedades cardiacas y respiratorias); por afectar a los propios órganos sexuales (la patología génito-urinaria o el uso de sondas); por limitar psicológicamente a la persona mayor (depresión, mastectomía, ostomías).

Además del tipo de proceso patológico, también su forma de presentación va a influir decisivamente en la sexualidad, ya que en las enfermedades que se han instaurado de forma brusca (por ejemplo ictus, infarto agudo de miocardio, cirugías), la repercusión que provoca puede ser mayor que si la incapacidad se ha establecido de forma paulatina (por ejemplo artrosis, enfermedad de Parkinson, procesos respiratorios).

Una mención especial requiere la utilización de polifarmacia por las personas mayores, ya que algunos grupos farmacológicos pueden reducir el deseo sexual o provocar ciertos alteraciones sexuales (disfunción eréctil), como son los psicofármacos (antidepresivos, neurolépticos, benzodiacepinas), los antihipertensivos (diuréticos, beta-bloqueantes, alfa-bloqueantes, etc) y los opiáceos (analgésicos derivados de la morfina).

Sexualidad y viudedad

En la población de mayor edad, esta situación aparece como uno de los principales condicionantes del cese de la sexualidad. Aunque es difícil de determinar, la situación de viudedad podría no tener el mismo impacto sobre el cese de la actividad sexual en las mujeres que en los varones, ya que al margen de la diferencia demográfica, tradicionalmente ha existido una fuerte tendencia social a considerar como negativo el establecimiento de nuevas relaciones afectivas e incluso los nuevos matrimonios más en las mujeres viudas que en los varones, lo cual sin lugar a dudas puede limitar la actividad sexual de éstas. En este sentido, en algunos estudios se ha comunicado que una gran mayoría de las mujeres viudas cesaban sus relaciones sexuales a partir del fallecimiento de su esposo.

Sexualidad e institucionalización

Este factor está poco considerado en la sexualidad de las personas mayores, si bien posee una gran trascendencia y suele presentarse con bastante frecuencia en la población anciana, debido al cambio en el estilo de vida que se produce por distintas circunstancias (necesidad de compartir la vivienda familiar, no disponer de una habitación propia, institucionalización).

Esta falta de intimidad, que podría generar una limitación importante para expresar su sexualidad, va unida algunas veces a los conflictos que pueden surgir con los familiares o cuidadores directos, al no entender o aceptar las expresiones sexuales del anciano, y adoptar actitudes restrictivas o inhibitorias hacia la sexualidad. Este hecho es bien conocido en el ámbito residencial, y plantea algunos problemas que van desde la necesidad de educación del personal hasta el intento de ubicación de los residentes en ambientes más íntimos.

Lo ideal sería, en la medida de lo posible, intentar que la persona mayor dispusiera de un espacio físico propio, en el que pudiera tener su intimidad y que los familiares y/o cuidadores aceptaran la necesidad y conveniencia de que expresaran su sexualidad, tratando de que no resultara negativo o incómodo para el resto de familiares ni de residentes.      

El deterioro de la relación matrimonial

En algunas relaciones de pareja largas, en las que ambos se han acostumbrado a convivir sin apenas sexo, se ha podido ir dejando aparcado este tema y evitando hablar de ello, restándole importancia a esta faceta de la persona. También puede haber existido una insatisfacción sexual arrastrada desde décadas y que haya influido en la monotonía de las relaciones y en la anulación del deseo para mantener relaciones sexuales.

En ocasiones, la convivencia de distintas generaciones dentro del domicilio dificultan los encuentros íntimos de la pareja, tanto por falta de intimidad como por una serie de normas rígidas establecidas por los otros miembros de la familia.

Mitos sobre la sexualidad en la vejez

Tradicionalmente se ha considerado que de la mano del envejecimiento llega el cese de las relaciones sexuales, lo cual no es cierto. Algunos mitos tradicionales que han existido alrededor de la sexualidad de los ancianos han sido: “los ancianos no tienen deseo sexual”; “los ancianos no tienen la capacidad de amar”; “los ancianos son poco atractivos y contrarios a la actividad sexual”; “los ancianos son tan frágiles que no pueden tener una relación sexual completa con penetración”, “los ancianos que se dedican a tener relaciones sexuales son perversos”. Todos estos mitos sobre la sexualidad de las personas mayores, insostenibles en estos momentos, no tienen ninguna base en la actualidad y ojalá pudiéramos entre todos contribuir a desterrar estas falsas creencias.  

El hecho de que muchos ancianos repriman sus deseos sexuales está fomentado por este tipo de pensamientos. Algunos ancianos se pueden abstener de mantener relaciones sexuales debido a estos prejuicios, a la creencia en los mitos y a la desinformación, más que a los problemas físicos que puedan padecer. El resultado final, es que los ancianos abordan el tema de la sexualidad con unas cargas negativas, que van a impedir obtener satisfacciones en esta faceta.

Para conocer la realidad de la sexualidad de las personas mayores es interesante comentar los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Sexual realizada en personas mayores de nuestro país, que se publicó en 2012, obteniéndose una información muy valiosa. En este estudio se encuestaron a 1.939 personas mayores de 65 años (1.118 mujeres, 821 varones) con una edad media de 74 años, acerca de su actividad sexual. Los resultados más relevantes fueron que el 62,3% de los hombres y el 37,4% de las mujeres de edad eran sexualmente activos (mantenían algún tipo de actividad sexual), encontrando que la inactividad sexual aumentaba con la edad (a partir de los 75 años), influyendo en esta el tener peor estado de salud, padecer más de 2 enfermedades crónicas, tomar más de 2 medicamentos, no tener pareja o que la salud de la pareja sea mala.

Consejos sexuales para mayores de 50

  • Aumentar la intimidad. Supone buscar espacios en común, solos, sin la compañía de nadie, ni tan siquiera del televisor, se trata de volver a encontrar elementos facilitadores de la comunicación, volver a ser atractivos de cara a mi compañero/a.
  • Pedir. Supone no dar nunca nada por sabido, si alguien quiere algo tiene que preguntar, expresiones del tipo “lo sabe de sobra” no tienen cabida en la terapia de pareja.
  • Incrementar la pasión: sexo y afecto. La terapia sexual está dirigida no tanto a resolver problemas sino a incrementar la satisfacción dentro de la normalidad.
  • Fomentar el apego con la pareja: El compromiso de ayudarse en todo instante es uno de los más importantes motivos que existen para mantener la pareja. En ello están implicadas emociones muy básicas que se insertan en la debilidad más íntima del ser humano, hacerlo explícito y potenciarlo es una forma de motivar la permanencia de la pareja y la resolución de conflictos.
  • Concepción del sexo: Conviene asumir que el sexo no es pecado, que no se debe sentir culpabilidad por desear a otra persona, que el sexo en la tercera edad tiene como principal misión dar y recibir placer de manera enriquecedora y responsable
  • Nuevas formas de disfrutar: Aprender a disfrutar del sexo en su manera más amplia, incrementando la comunicación, las caricias, los besos y los abrazos. Adaptando a los cambios fisiológicos que conlleva la vejez sin que disminuya, necesariamente, la satisfacción sexual.
  • Psicoeducación: Poner en marcha talleres educativos sobre la sexualidad en los mayores, facilitando la comunicación, el intercambio de experiencias y formando a los mayores sobre los problemas y potencialidades del sexo a partir de los 65.
  • Creación de redes sociales: Favorecer la creación de redes sociales adecuadas para las personas mayores que les permitan satisfacer sus necesidades de afecto e intimidad en los casos que haya bajo apoyo social o situaciones de soledad por viudez o separación.
  • Equilibrio emocional: La sexualidad con frecuencia implica un equilibrio delicado entre los aspectos emocionales y físicos. La forma en la que se auto perciben los mayores condiciona la respuesta sexual como ejemplo el miedo a la impotencia puede convertir esta en real como consecuencia de la ansiedad ante el rendimiento.
  • “Ayudas técnicas”: Puede haber coito doloroso u otro tipo de problemas que dificulten las relaciones sexuales por lo que es recomendable poder acudir a tiendas especializadas para buscar juguetes, lubricantes y demás ayudas que permitan potenciar fantasías y mejorar la práctica sexual.
  • Hablar con naturalidad de la sexualidad: Sería deseable que se pudiera hablar de la sexualidad en las personas mayores con mucha más naturalidad, si bien debido a la escasa formación de los profesionales sanitarios, la actitud más extendida es la de ignorar la sexualidad. En este sentido, muchos médicos y otros profesionales sanitarios, evitan hablar de los aspectos sexuales con sus pacientes, hasta el extremo de no recoger datos acerca de la sexualidad en la valoración, ya que creen que es un tema que no interesa ó preocupa a los ancianos, y además se pueden encontrar incómodos al hablar de él.
  • No renunciar obligatoriamente a la sexualidad: Las personas mayores pueden seguir deseando mantener su sexualidad, sin que deban renunciar a ella de forma impuesta. La renuncia a la actividad sexual debe ser el último recurso, y debe quedar siempre como opción del individuo y nunca como consecuencia irremediable.

Autores: Manuel Nevado y Vera Santos.

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Comentarios (1)

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maximo
27 junio 2016 09:22

INTERESANTISIMA explicación que debería ser explicada a todos los mayores.Yo comparto esta nota con 5000 seguidores e intentare reenviarla a muchos amigos de diferentes países del mundo.Tengo 75 años y plenamente de acuerdo con esta nota-

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