¿Una copa de vino al día después de los 60? El hábito que parecía saludable y que la ciencia vuelve a cuestionar
Publicado por Patricia Fernández, periodista
Creado: 27 de octubre de 2026 12:31
| Modificado: 27 de octubre de 2026 12:48

¿Una copita de vino con la comida? Durante años, médicos, familiares y amigos han repetido que este hábito podía ser beneficioso para el corazón. Sin embargo, la ciencia está poniendo en duda una de las creencias más arraigadas de nuestra cultura gastronómica. ¿Es realmente saludable beber vino después de los 60 o llevamos décadas confiando en un beneficio que nunca estuvo tan claro?
Índice
1. Beber vino después de los 60: ¿es realmente bueno para la salud?2. El mito de la copa de vino que protege el corazón
3. Un estudio español de 2026 vuelve a abrir el debate
4. Por qué el alcohol puede afectar más después de los 60
5. El riesgo oculto: mezclar vino y medicamentos
6. ¿Y qué ocurre con el cáncer y la salud del cerebro?
7. Entonces, ¿cuánto vino se puede beber sin riesgo?
8. ¿Hay que renunciar a la copa de vino de toda la vida?
9. Quizá llevamos demasiados años buscando beneficios donde solo había una costumbre
10. Bibliografía
Beber vino después de los 60: ¿es realmente bueno para la salud?
En España, una copa de vino durante la comida ha formado parte de la rutina de muchas generaciones. Para algunos es una costumbre familiar; para otros, un pequeño placer gastronómico que acompaña una buena conversación. Y durante décadas existió, además, un argumento que parecía justificarlo desde el punto de vista médico: el vino, especialmente el tinto, podía ayudar a proteger el corazón.
La creencia llegó a estar tan extendida que muchas personas comenzaron a considerar esa copa diaria casi como una recomendación saludable.
Pero ¿qué ocurre cuando la ciencia empieza a cuestionar algo que llevamos escuchando toda la vida?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años advirtiendo de que no existe una cantidad de alcohol completamente libre de riesgos. Incluso un consumo bajo puede aumentar la probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades, especialmente algunos tipos de cáncer.
Esto no significa que beber una copa de vino ocasional vaya a provocar inevitablemente un problema de salud, pero sí obliga a replantearse la idea de que el consumo diario de alcohol es una medida preventiva.
Y esta diferencia resulta especialmente importante a partir de los 60 años.
- Artículo relacionado: ¿Cuáles son las consecuencias del consumo continuado de alcohol a lo largo de toda la vida?
El mito de la copa de vino que protege el corazón
¿De dónde salió la idea de que el vino era bueno para la salud?
Parte de su popularidad procede de estudios realizados durante las últimas décadas que encontraron una menor incidencia de determinadas enfermedades cardiovasculares entre quienes consumían cantidades moderadas de alcohol.
También contribuyó el conocido fenómeno de la paradoja francesa: la observación de que algunas poblaciones francesas presentaban tasas relativamente bajas de enfermedad coronaria pese a consumir alimentos ricos en grasas saturadas. Durante años se atribuyó parte de esta situación al vino tinto.
Además, el vino contiene polifenoles, como el resveratrol, sustancias con propiedades antioxidantes que despertaron un gran interés científico.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que una cosa es que determinados compuestos presentes en la uva tengan efectos beneficiosos y otra muy distinta que resulte saludable consumirlos acompañados de alcohol.
Esos antioxidantes también pueden obtenerse mediante alimentos como las uvas, los frutos rojos y otros productos vegetales, sin necesidad de beber vino.
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Un estudio español de 2026 vuelve a abrir el debate
Lo interesante es que la discusión científica todavía no está completamente cerrada.
Una investigación publicada en febrero de 2026 en la revista European Heart Journal volvió a analizar la relación entre el consumo de vino, la dieta mediterránea y la salud cardiovascular.
Los investigadores utilizaron datos de dos importantes estudios españoles: PREDIMED, con 7.447 participantes de alto riesgo cardiovascular, y el proyecto SUN, que siguió a miles de personas durante un largo periodo.
Los resultados observaron que quienes mantenían una buena adherencia a la dieta mediterránea y consumían vino moderadamente presentaban, en determinados análisis, un menor riesgo cardiovascular y de mortalidad.
Pero existe un detalle fundamental que conviene no pasar por alto.
El estudio encontró una asociación, no demostró que beber vino fuera la causa de esa mejor salud. Aunque PREDIMED evaluó distintas intervenciones dietéticas, el consumo de vino no se asignó aleatoriamente a los participantes.
Además, algunas asociaciones no alcanzaron significación estadística y los propios investigadores pidieron interpretar los resultados con prudencia.
Es decir, el vino sigue siendo objeto de investigación, pero estos hallazgos no justifican recomendar a una persona que no bebe alcohol que empiece a hacerlo para proteger su corazón.
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Por qué el alcohol puede afectar más después de los 60
Existe otro aspecto que muchas personas desconocen: nuestro organismo no procesa el alcohol exactamente igual a los 35 años que a los 70.
Con el envejecimiento, generalmente disminuyen la masa muscular y la proporción de agua corporal. Como consecuencia, una misma cantidad de alcohol puede alcanzar concentraciones más elevadas en sangre y producir efectos más intensos.
El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos (NIAAA) advierte de que las personas mayores presentan una mayor sensibilidad a sus efectos sobre el equilibrio, la coordinación y la atención.
Esto tiene consecuencias prácticas. Una cantidad que durante años parecía tolerarse perfectamente puede aumentar ahora la somnolencia, la inestabilidad o el riesgo de caídas.
También puede afectar al descanso. Aunque el alcohol produce inicialmente una sensación de relajación, puede alterar la estructura del sueño y favorecer los despertares nocturnos.
Por tanto, beber vino después de los 60 no debe valorarse únicamente por sus posibles efectos cardiovasculares, sino teniendo en cuenta la salud general de cada persona.
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El riesgo oculto: mezclar vino y medicamentos
Uno de los problemas más importantes del consumo habitual de alcohol en personas mayores es su posible interacción con los medicamentos.
A partir de cierta edad resulta frecuente seguir tratamientos para la hipertensión, el colesterol, los problemas de sueño, el dolor crónico o determinadas enfermedades cardiovasculares.
Y no todos son compatibles con el alcohol.
Por ejemplo, combinarlo con algunos ansiolíticos, somníferos o analgésicos opioides puede aumentar considerablemente la somnolencia y el riesgo de sufrir accidentes. También puede interferir con determinados medicamentos para controlar la presión arterial y favorecer efectos adversos.
Por eso, quienes toman medicación de forma habitual deberían consultar con su médico o farmacéutico sobre las posibles interacciones, incluso si consideran que beben cantidades pequeñas.
Una copa de vino no deja de contener alcohol por el hecho de acompañar una comida.
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¿Y qué ocurre con el cáncer y la salud del cerebro?
Aquí es donde las advertencias científicas son especialmente claras.
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasifica las bebidas alcohólicas como carcinógenas para los seres humanos.
El consumo de alcohol se relaciona causalmente con varios tipos de cáncer, entre ellos los de mama, colon y recto, hígado, esófago y cavidad oral.
La OMS explica que el riesgo aumenta con la cantidad consumida, pero que no se ha identificado un umbral por debajo del cual pueda descartarse completamente el riesgo de cáncer.
También se investiga su relación con el deterioro cognitivo.
Un estudio publicado en enero de 2026 en BMJ Evidence-Based Medicine, que combinó datos observacionales y análisis genéticos, no encontró pruebas de un efecto protector del consumo ligero de alcohol frente a la demencia en sus análisis genéticos.
Los investigadores plantearon que parte de la aparente protección encontrada en estudios anteriores podría explicarse porque algunas personas reducen su consumo cuando comienzan a experimentar problemas de salud.
De nuevo, la conclusión invita a la prudencia: no hay evidencias suficientes para aconsejar beber alcohol con el objetivo de proteger la memoria o prevenir el alzhéimer.
- Artículo relacionado: Pérdida de memoria, entre la edad y la enfermedad
Entonces, ¿cuánto vino se puede beber sin riesgo?
Esta es probablemente la pregunta que más personas se hacen.
En España, el Ministerio de Sanidad establece como referencias de consumo de bajo riesgo 10 gramos diarios de alcohol para las mujeres y 20 gramos para los hombres adultos.
Para entender estas cantidades, una copa pequeña de unos 100 mililitros de vino de 12 grados contiene aproximadamente 9,5 gramos de alcohol puro. Una copa de 150 mililitros supera los 14 gramos.
Sin embargo, es importante comprender que bajo riesgo no significa ausencia de riesgo. Estos límites tampoco constituyen una recomendación de consumo diario, y en personas mayores con enfermedades o tratamientos farmacológicos puede ser aconsejable no beber nada.
El mensaje del Ministerio de Sanidad es claro: cuanto menos alcohol se consuma, menor será el riesgo asociado.
¿Hay que renunciar a la copa de vino de toda la vida?
La respuesta no debería plantearse como una prohibición general ni como una defensa de una costumbre por el simple hecho de llevar años practicándola.
Cada persona tiene circunstancias diferentes. No es lo mismo tomar una copa ocasional durante una celebración que beber alcohol todos los días pensando que resulta beneficioso para la salud.
Lo importante es disponer de información suficiente para decidir.
Quienes disfrutan del sabor del vino pueden valorar alternativas sin alcohol, comprobando su etiquetado, o reservarlo para ocasiones concretas si su situación de salud lo permite.
Y quienes nunca han bebido no tienen ningún motivo sanitario para comenzar a hacerlo.
La alimentación mediterránea ofrece numerosos beneficios demostrados a través del aceite de oliva virgen extra, las verduras, las legumbres, los frutos secos, el pescado y una alimentación variada. Ninguno de ellos exige incorporar alcohol.
Quizá llevamos demasiados años buscando beneficios donde solo había una costumbre
El debate sobre el vino plantea una reflexión interesante.
Durante décadas hemos convertido algunos hábitos culturales en supuestas recomendaciones de salud. Y cuando aparecen investigaciones que cuestionan esas creencias, nos cuesta desprendernos de ellas.
Pero la ciencia no consiste en confirmar aquello que siempre hemos pensado, sino en revisar las evidencias cuando aparecen nuevos datos.
Beber una copa de vino no determina por sí solo cómo va a envejecer una persona. La salud depende de numerosos factores, desde la alimentación y la actividad física hasta la genética, el descanso y las enfermedades previas.
Lo que sí parece cada vez más claro es que no necesitamos una copa de vino al día para cuidar nuestro corazón.
Quizá la mejor forma de disfrutar de una jubilación saludable sea dejar de preguntarnos qué cantidad de alcohol puede beneficiarnos y empezar a valorar qué hábitos realmente ayudan a vivir más y mejor.
Bibliografía
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Alcohol. Ficha informativa sobre los riesgos del consumo de alcohol.
- OMS Europa (2025). Alcohol and cancer. Información actualizada sobre la relación entre alcohol y cáncer.
- Ministerio de Sanidad. Límites de consumo de bajo riesgo de alcohol. Recomendaciones sanitarias españolas.
- Martínez-González, M. A. y colaboradores (2026). Wine consumption, Mediterranean diet, and cardiovascular risk in two Spanish cohorts. European Heart Journal.
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